logo


                                                 Por Juan Stam

Hay algo muy extraordinario en cuanto a la resurrección del cuerpo: ¡ya ocurrió! Esta gran promesa para el fin de los tiempos, se realizó una vez en el centro del tiempo.  Desde que Cristo se levantó de entre los muertos, la resurrección es una esperanza ya demostrada.  Ya tenemos las primicias, las arras de la resurrección final.  Cristo es ahora el primogénito de los muertos, entre muchos que resucitarán en el día final. Fue la gracia de Dios que nos ha dado en medio de la historia un anticipo concreto del final.

En 1 Co 15 San Pablo insiste en que la resurrección es un elemento esencial dcl evangelio (15:1-8), sin el cual no tiene el menor sentido:

Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes. Aún más, resultaríamos falsos testigos de Dios por haber testificado que Dios resucitó a Cristo, lo cual no habría sucedido, si en verdad los muertos no resucitan…Si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados…Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales (1 Cor 15:14-19 NVI).

Si los muertos no resucitan,

    “comamos y bebamos,

      que mañana moriremos” (15:32).

Con una famosa fórmula de Martín Lutero, podríamos decir que la resurrección de Cristo es el “articulus stantis et cadentis ecclesiae” (el artículo con que la iglesia se sostiene o se cae).1   Si Cristo no resucitó, ¿para que creer el evangelio? Si Cristo no ha resucitado, ¿para que seguir leyendo este artículo?  O Cristo resucitó o ¿para qué ser cristiano?2

Pero ¡Cristo ha resucitado, ha vencido para siempre a la muerte!  (15:20,58).

Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron…Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano. (1 Co 15:20,58 NVI).

De esto tenemos que darnos cuenta en tiempo de muerte, de desesperación, o de dudas. Yo tengo esta palabra que viviré, aunque la muerte me tenga rodeado por todos lados… La muerte?  ¡Muerte a la muerte! El Señor me ha prometido que viviré.  Esto lo creo firmemente.”  (Martín Lutero, Catecismo Menor).

La resurrección de Cristo es el fundamento sólido, firme e inconmovible, de nuestra fe y de nuestra esperanza.  Y ese fundamento es un mensaje para nuestros tiempos actuales de gran confusión.  Una de las teorías de la posmodernidad hoy se llama “la filosofía del No-Fundamento” , que afirma que no existe más verdad que la interpretación y la opinión de cada cual, y no hay fundamento para establecer ninguna verdad objetiva.  Los cristianos decimos que sí hay un hecho fundamentante, firme, inconmovible, y ese hecho es la resurrección de Cristo.

ENSEÑANZA BIBLICA

En Jesús de Nazaret Dios mismo entró en la historia humana y dio al proceso histórico su centro cristológico.  Y en Jesús, Dios el Hijo murió y resucitó.  Así, como ya hemos señalado, Dios adelantó el futuro y lo trajo al presente.  Por eso,  la resurrección de Jesús tiene una doble función para nuestra fe en nuestra resurrección al final de la historia: como una esperanza que ya se ha realizado una vez, la resurrección de Cristo es la “garantía adelantada” (por decirlo así) de la nuestra, y también es el prototipo definitivo que anticipa lo que habrá de ser la resurrección nuestra.

Eso es el significado de la frase “primogénito de entre los muertos” (Col 1:18; Ap 1:5).  Ese título cristológico lleva una sorprendente contradicción implícita.  “Primogénito” dice nacimiento; nos lleva mentalmente a la sala de partos.  Pero “muertos” dice lo contrario; nos lleva a la morgue, al necrocomio.  ¿Desde cuándo la vida puede nacer de la muerte?  Claro, ¡desde que Cristo resucitó!  Cristo cambió la morgue en sala de parto.  “Oh Cristo”, exclamó Miguel de Unamuno, “hiciste de la muerte nuestra madre”. Nuestra vida y nuestra resurrección nacen de la muerte y resurrección suyas.

“Porque él vive”, dice el himno, “viviré mañana”.  “Primogénito” nos avisa que como resucitó él, seremos  también resucitados nosotros sus hermanos. “Primicias de la resurrección” nos asegura que habrá después una cosecha final, demostrada ya en las primicias, y que los frutos finales serán como fueron las primicias.  La resurrección de Jesús garantiza la nuestra y también la prefigura.

Aclaremos que Jesús resucitó a novedad de vida, a la vida del siglo venidero.  Debemos distinguir la resurrección de lo que podríamos llamar “revivificación”, como la de Lázaro o la hija de Jairo.  Ellos estaban muertos y volvieron a vivir, pero después murieron otra vez.  Ellos resucitaron a una extensión limitada, durante cierto plazo de tiempo, de esta misma vida.  Pero Cristo resucitó a novedad de vida que nunca perece.  Por otro lado debemos distinguir entre resurrección e inmortalidad.3  La inmortalidad es del alma, sin carne ni huesos ni piel.  Eso lo creían muchos en la antigüedad.  Los griegos, por ejemplo, creían que el alma preexistía antes de “encarcelarse” en el cuerpo y que viviría después de la muerte. El alma, al escaparse de este maldito cuerpo, irá volando y vivirá para siempre espiritualmente.  Pero Cristo no resucitó espiritualmente, Cristo resucitó corporalmente.  Y en ese sentido su resurrección anticipa y prefigura la nuestra.  Como fue el cuerpo resucitado de él, así será el nuestro en la resurrección final.

Eso se demuestra dramáticamente en los evangelios. Aunque Mateo y Marcos casi no indican nada sobre las características del Jesús resucitado, Lucas y Juan son mucho más extensos.  Todos los evangelios subrayan la realidad literal de la muerte de Jesús y la total identidad del Resucitado con el Crucificado.  Lucas se empeña especialmente en destacar la realidad física del cuerpo de Cristo, junto con su liberación de los limitantes naturales del cuerpo humano no resucitado.  Cristo caminaba junto con dos discípulos (Lc 24:13-15); conversaba con ellos y les enseñaba, aparentemente en la misma forma que les había enseñado antes de morir.  Según Lc 24:17-19 parece que mantenía su sentido de humor.  También comía con ellos; sorprende la frecuencia con que el Jesús resucitado compartía mesa con sus discípulos (Lc 24:30,41ss; Jn 21:9-12; Hch 1.4; 10.41 NVI), igual que durante los años de su vida encarnada (Mt 26.17ss)4 y como haremos  en el Reino venidero (Mt 8:11; Lc 22:16,30; Ap 19:9).

Lucas 24 subraya con especial énfasis la realidad corporal del Resucitado, con una evidente intención teológica contra toda espiritualización de la resurrección que la confundiera con la inmortalidad del alma.  El se acercó a los dos caminantes (24:16) como cualquier otro ser humano que iba en el mismo camino.  El caminaba igual que caminaban ellos, un pie adelante con otro pie atrás.  El les hablaba igual que habla todo ser humano.  Caminando juntos, Cristo les dio un estudio exegético de teología del Antiguo Testamento, en la misma forma humana en que lo daría cualquier maestro bíblico.  Aunque no lo reconocieron, “porque sus ojos estaban velados”, o era por ningún aspecto “glorificado” que hubieran podido notar ellos, sino precisamente por parecerse totalmente a cualquier otro transeúnte del camino.  Sólo en “la fracción del pan” lo llegaron a reconocer (24:30).

Paradójicamente, en le momento de recibir ellos la vista, Jesús se volvió invisible y se quitó de la presencia de ellos (24:31).  ¿Habrá sido para hacerles entender que aunque él era siempre el mismo, ahora lo era bajo nuevas condiciones?  ¿Podría haber sido para darles tiempo a volver a Jerusalén a pie y llegar a tiempo para el encuentro que él tenía planeado para la noche (24.35s)?  No sabemos.  Pero lo cierto es que ellos regresaron a pie, igual como habían llegado a Emaús, mientras Cristo llegó instantáneamente, en la libertad del cuerpo resucitado, y “se puso” en medio de los discípulos.5

En el tercer relato de resurrección en Lucas (24:36-49), Jesús se empeña en convencer a los discípulos que su cuerpo resucitado es realmente físico.  Cuando él se presenta en medio del grupo, ellos se aterrorizan porque creen que es un espíritu.  Pero Jesús apela directamente a los sentidos de percepción de ellos para que reconozcan la realidad de su cuerpo:

¿Por qué se asustan tanto? – les preguntó — ¿Por qué les vienen dudas?  Miren mis manos y mis pies.  ¡Soy yo mismo!  Tóquenme y vean; un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que los tengo yo.  Dicho esto, les mostró las manos y los pies (24:38ss NVI; cf. Jn 20:20,25,27).

Cuando las claras evidencias de los sentidos físicos no bastaron para convencerles, Jesús apela a un segundo argumento, realmente genial:

Como ellos no acababan de creerlo a causa de la alegría y del asombro, les preguntó: ¿Tienen aquí algo de comer?  Le dieron un pedazo de pescado asado, así que lo tomó y se lo comió delante de ellos (24:41ss NVI).

Si los fantasmas no tienen manos y pies ni carne ni hueso, mucho menos pueden comer. Entonces, para mostrar la realidad de su resurrección, Jesús comió ante los ojos de ellos.  Lo vieron abrir la boca, levantar la comida con la mano, y comérsela.  A esta segunda demostración empírica Jesús ahora, como en el camino a Emaús, añade argumentos bíblicos:

Cuando todavía estaba yo con ustedes, les decía que tenía que cumplirse todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.  Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.  Esto es lo que está escrito – les explicó – que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día… (24:44ss; cf 25ss).

Ahora que al fin han reconocido que él ha resucitado, y con cuerpo, Jesús les imparte una comisión misionera, de predicar en nombre del Resucitado “el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones” (24:47):

Ustedes son testigos de estas cosas. Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre: pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto (24:48s).

¡Y pensar que llegaron a ese punto por algo tan común y corriente — ¡verle comer al Resucitado!  Ese pescado asado ayudó a lanzarlos al proyecto misionero en el mundo entero.

Debemos señalar otra característica del Jesús resucitado: sus propios amigos no lo reconocían sino lo confundían con los más humildes seres humanos.  Aunque en Lc 24:37s lo confundieron al principio con un espíritu, era sólo porque en ese momento ni consideraban la posibilidad de que fuera él mismo resucitado.  Pero antes María Magdalena lo había confundido con el jardinero que cuidaba el huerto (Jn 20:15).  No lo confunde con un ángel, ni con un rabino o un profesor de teología sino con el jardinero.  Y cuando Cristo aparece a orillas del mar, los mismos discípulos suponen que es otro pescador más (Jn 21:1-4).  Después de la pesca milagrosa Pedro exclama a sus compañeros, “¡Es el Señor!”.  Aunque ya lo reconocieron, ninguno se atrevió a preguntarle quién era (21:12)

Lo más simpático, y hasta cómico, es el relato del camino a Emaús.  Los dos caminantes van cabizbajos, ya totalmente sin esperanza, aplastados, y se les acerca Jesús pero no lo reconocen.  Con la misma pedagogía y sicología que siempre demostraba, Jesús abre la conversación con una pregunta muy sencilla y natural, que introduce la siguiente conversación (un poco dramatizada):

Jesús: “Hola, muchachos. ¿De que vienen hablando ustedes que les tiene

tan tristes?”

Cleofás: “¿Serás tu el único extranjero en toda Jerusalén que no sabe todo lo

que ha pasado este fin de semana? ¿Cómo es posible que no sabes los

últimos acontecimientos?”

Jesús (con cara de inocente): “Pues, cuéntenme, ¿qué cosas han pasado?”

Ellos (sin darse cuenta que todo eso le había pasado a quien les acompaña,

pretenden ponerle al día con las noticias): “Lo de Jesús de Nazaret, que era

profeta poderoso en hechos y en palabras…”

Jesús (con expresión de mucho interés en saber más): ¡De veras! Cuéntenme

más…”

Ellos: “Pero nuestros sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron a ser

crucificado”.

Jesús: “¿Y entonces, qué pasó?”

Ellos (mirándole directamente a él, sin reconocerle): “Pues algunas mujeres

fueron al sepulcro y no encontraron el cuerpo, y después unos compañeros

también fueron al sepulcro, pero ellos tampoco lo vieron a Jesús”.

Notemos que Jesús les da espacio a ellos a expresar ampliamente sus propios sentimientos.  En vez de “caerles” con un sermón o de identificarse inmediatamente como “prueba” de la resurrección, les hace unas preguntas que les anima a exteriorizar sus pensamientos y emociones.  “¿De qué conversan?” (24:17), les pregunta, y después “¿Qué cosas?”(24:19).  Aparece aquí un Jesús sutilmente jocoso, que en la forma más cariñosa y pedagógica “juega” con ellos con un método socrático para llevarlos simpáticamente a un mejor entendimiento.  En esta conversación, Lucas parece decirnos que el Jesús resucitado no había perdido ni su gran sensibilidad humana ni su sentido de humor.  !Qué sicología de Jesús!  Haciéndoles preguntas, haciéndose el inocente, dejando que ellos le informen a él de su propia muerte, de la pasión que él mismo había sufrido en carne propia.  ¡Qué sentido de humor más profundamente humano!

Lo que nos interesa especialmente es que ellos, al ver a Jesús, creían que era algún extranjero que ni aun estaba al día con las noticias.  Los que vieron a Jesús nunca lo confundieron con un dramático ángel, echando rayos de gloria, cuya cara brillara como el sol al mediodía.  No.  La primera en verlo, María Magdalena, lo tomó por el jardinero que cuidaba el huerto.  Los dos caminantes lo ven como un forastero, sin absolutamente nada de excepcional ni impresionante.  Y los discípulos, desde la barca donde pescaban, primero creían que era otro pescador más.  Tan humano era el Jesús resucitado.

¿Cuáles son las características del Cristo resucitado?  Es importante, porque entendemos que nuestro cuerpo resucitado habrá de parecerse al cuerpo de Cristo, primogénito y primicias de la resurrección.  Podemos señalar las siguientes características:

1) Todas las fuentes señalan, de una u otra manera, la identidad del Resucitado con el anteriormente Crucificado y la continuidad ininterrumpida de su persona.  Según Jn 20:20,25-27, su cuerpo tenía las marcas y las recientes heridas (cf. Lc 24:39s).  En todos los textos, relatos de la sepultura son seguidos inmediatamente por los relatos de resurrección.  En su aclaración del evangelio que él había proclamado, Pablo incluye que “fue sepultado, y que resucitó al tercer día” (1 Co. 15:4). También al hablar de la resurrección final, Pablo propone analogías basadas en la continuidad y transformación del mismo cuerpo (15:36-44).

2) Todos los relatos indican, cada uno a su manera, que el cuerpo del Resucitado fue visible, audible, y en algún sentido físico.  Lucas y Juan son los más enfáticos en este aspecto. Aunque Pablo no entra en descripciones del Resucitado, destaca que éste aparecía (1Co 15:5-8).  Cuando habla del “cuerpo espiritual” (15:44, en contraste con “cuerpo síquico”, no con cuerpo físico), o la “tienda celestial” con que seremos revestidos (2 Co 5:1-5), Pablo destaca la novedad del cuerpo resucitado por el poder del Espíritu pero de ninguna manera lo reduce a una mera inmortalidad del alma.6  Pablo insiste específicamente en que el “alma” del creyente no quedará “desnuda” (2 Co 5:3s).

3) Lucas y Juan, que describen más ampliamente al Jesús resucitado, lo presentan como impresionantemente humano.  Come, camina, conversa.  Como consejero consolador, sicólogo y pedagogo, según Lucas, abre la mente y los ojos a los dos caminantes, y todo eso con un bello sentido de humor.  Es un Cristo que le gusta el compañerismo de la mesa, le gusta el compañerismo de un paseo. ¡De angelical tenía poco o nada, de humano muchísimo!

4) Diversas fuentes, y Pablo en particular, señalan el paralelo entre el cuerpo resucitado de Jesús y el de los fieles en la resurrección final.  Cristo es primogénito (Col 1:18; Apoc 1:5) y primicias (1 Co 15:23) de la resurrección futura.  El poder de su resurrección, que opera ahora en los que creemos, anticipa y garantiza nuestra resurrección futura (Ef 1:20; Rm 8:11). “Con su poder Dios resucitó al Señor, y nos resucitará también a nosotros” (1 Co 6:14 NVI; cf. 2 Co 4:14).. Según Jn 5:28s, los muertos (creyentes e incrédulos) saldrán de sus sepulcros: un paralelo evidente a la resurrección de Cristo.

“¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios!…Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es” (1 Jn 3:1-3).

SIGNIFICADO TEOLOGICO:

La Palabra de Dios nos manda estar preparados en todo momento para ofrecer una apología de nuestra esperanza y explicar su lógos a quienquiera nos lo pida (1 Pe. 3:15).  ¿Cuál, pues, es el sentido y la lógica de la resurrección de Cristo y la nuestra?  ¿Es sólo una exótica curiosidad al final de la historia o pertenece integralmente al sentido coherente de toda nuestra fe?

1) La resurrección de Cristo es el ancla firme de nuestra esperanza; significa que la esperanza cristiana tiene una sólida base histórica. Tenemos una esperanza bien fundada en un hecho ya demostrado: Jesús ha resucitado.  Es importante recordar que la esperanza es una parte esencial de nuestra fe.  Creer es esperar; si no espero, realmente no creo.  Y esta esperanza, que es inseparable de nuestra fe, no está en el aire.  Está firmemente fundada en un hecho que ya ocurrió, cuando Cristo resucitó..

Un filósofo contemporáneo que destacó el tema de la esperanza fue el marxista Ernst Bloch.  Hace unas décadas un alumno suyo, Juergen Moltmann, planteó dos preguntas muy importantes ante la “filosofía de la esperanza” de su maestro.  Si la muerte tiene la última palabra para cada ser humano, preguntó Moltmann, ¿con qué base podemos esperar?  Y peor, si nuestro planeta mismo también espera su propia muerte cósmica,7 entonces tanto a nivel personal como a nivel cósmico, pareciera que la esperanza no sería más que una fatua ilusión.  La muerte parecería llevar toda la victoria, pues al fin estamos destinados a la muerte humana y la muerte cósmica.

Entonces Moltmann comenzó a pensar en la resurrección de Cristo como lógos de nuestra esperanza.  Curiosamente, a la época estaba bastante popular la sensacional “teología de la muerte de Dios”.  Moltmann respondió que efectivamente, Dios había muerto (Dios el Hijo, en la cruz), pero también había resucitado y está sentado a la diestra del Padre.  Ahora nuestra fe nos da una verdadera base para esperar.  Frente a la muerte personal, nos asegura de nuestra resurrección en Cristo.  Y frente a la muerte cósmica, nos anuncia nueva tierra y nuevos cielos.

Por eso, aun cuando no haya base visible ni calculable para seguir esperando, el cristiano (como Abraham; Ro 4:18) sigue esperando.  No por las circunstancias, que comúnmente no alimentan ni fundamentan la más mínima esperanza.  Pero Cristo ha resucitado, y nosotros resucitaremos.  Después de la resurrección de Cristo, para el cristiano no debe de haber cómo desesperarse.  A la luz de la resurrección, todo es posible.

     Porque él vive, yo no temo el mañana,

     Porque él vive, el temor se fue,

     Porque yo sé que el futuro es suyo,

     Y que vale la pena vivir,

     Porque él vive en mí.

Creo que nuestros pueblos necesitan este mensaje, especialmente después de la “década perdida” de los 1980s, después de “la década peor” de los 1990s, y ante todas las incógnitas de la postmodernidad.  Tienen razón los que describen las últimas décadas como “el cementerio de las esperanzas”.  Como los caminantes a Emaús, muchos que antes habían esperado, y luchado por sus ideales, ahora no esperan más.  Muchos revolucionarios de ayer ahora están totalmente desilusionados y han abandonado los sueños de una utopía de justicia e igualdad.  Pero los cristianos sabemos que Cristo resucitó, y seguiremos esperando, contra viento y marea.

2) La resurrección es una afirmación del valor del cuerpo.  El cuerpo no es ni algo malo ni algo secundario o accidental.  La corporalidad pertenece a lo más profundo de nuestro ser.  Dios creó la carne y exclamó, “qué buena esta humanidad física, con cuerpo, que yo he creado, buena en gran manera”. Cristo se encarnó en carne como la nuestra, y sin pecado. Cristo murió en la carne, y resucitó en la carne y volverá en la carne.  La resurrección nos enseña que sin el cuerpo estamos incompletos, no podemos ser plenamente nosotros.  La carne no es de avergonzarse, sino de darle gracias a Dios.

La resurrección nos llama a ser humanos.  Cristo resucitado era ricamente humano, y ahora a la diestra de Dios, sigue siendo humano (aunque por ahora no en forma visible, hasta su venida). La resurrección es una afirmación de lo humano, incluida nuestra realidad física.  Es lindo como 1 Tm 2. dice “hay un sólo mediador entre Dios y los hombres y las mujeres, Jesucristo hombre.”  A la diestra de Dios hay un ser humano, en cuerpo glorificado, que intercede por nosotros.  Y volverá en cuerpo visible.  Hay toda una teología del cuerpo, como hay toda una teología anticuerpo, gnóstica, maniquea, antihumana, que es de lo más anti bíblico que puede haber, aunque a veces lo confundimos con espiritualidad.

3). La resurrección transformó para siempre el sentido de la muerte.  Karl Rahner, en medio de un artículo denso y técnico sobre la muerte, nos sorprende con las siguientes palabras bellas:

La muerte oculta en sí misma todos los misterios del ser humano… [Es] el punto en que la persona se torna de la manera más radical problema para sí misma, y por cierto un problema que sólo Dios puede resolver.  El cristiano conoce la muerte de un hombre como el suceso más fundamental de la historia. 8

El acontecimiento más grande e importante de todos los siglos no fue una batalla victoriosa, ni una filosofía brillante, ni algún descubrimiento científico, sino una muerte…y muerte de cruz.

En otro diccionario teológico Alan Richardson, en su artículo sobre el mismo tema, señala que ” ha ocurrido una muerte que transformó todo nuestro entender de ella”9  Cristo ha redefinido para siempre el significado de la palabra “muerte”.  Cristo vino “a destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, el diablo” (Hb 2.14).  La muerte es ya un enemigo derrotado, un enemigo muerto (1 Co 15:55).  Como dice un bello himno alemán., “Jesús, muerte de mi muerte; Jesús, vida de mi vida”.

¡Los cristianos sabemos de una muerte que cambió para siempre el sentido de la muerte!  Veamos ahora cómo Cristo con su resurrección transformó la muerte. Hay cinco puntos importantes con respecto a esto:

a) Cristo transformó la muerte de fatalidad en libertad.  Sin Cristo, la muerte es simplemente un destino que nadie puede escapar; sólo podemos resignarnos a ella.  Pero en Cristo, somos libres para vivir y para morir. Jesús dijo, con soberana dignidad, “Yo pongo mi vida; nadie me la quita. Yo me la pongo, porque estoy al servicio de mi Padre” (Jn 10:17-21).  En Cristo el morir es también un acto libre.  Podemos pensar en mártires de nuestros tiempos como Martin Luther King y Oscar Arnulfo Romero, que asumieron conscientemente el morir por los demás.  Para nosotros la muerte ya no es fatalidad; aun cuando sea dolorosa.  La muerte se ha convertido en libertad.

b). Cristo transformó la muerte de futilidad en plenitud.. En muchas tumbas antiguas en Italia van estas siglas: NFFNSNC.  Significaban en latín: “no fui, fui, no soy, qué me importa” (non fui, fui, non sum, non curo).  La vida era un sinsentido, y la muerte el sinsentido final.  Para nosotros, en Cristo, la muerte ya no es “vanidad de vanidades”, un “hoyo negro” en que caemos y desaparecemos.  La muerte ahora es la coronación de la vida.  Significa entrar en la plenitud de la vida eterna: “en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre.” (Sl 16:11).  En Cristo la futilidad se tornó plenitud.  Ese sentido de la muerte como plena realización de la vida se expresa hermosamente en un poema del patriarca evangélico mexicano Gonzalo Baez Camargo:

Cuando me llames

Concédeme, Señor, cuando me llames

que la obra esté hecha:

la obra que es tu obra

y que me diste que yo hiciera.

Pero también, Señor, cuando me llames,

concédeme que todavía tenga

firme el paso, la vista despejada,

y puesta aun la mano en la mancera.

Yo sé muy bien que cuando al cabo falte

mi mano aquí, tu sabia providencia

otras manos dará, para que siga

sin detenerse nunca nuestra siembra.

c). De derrota en victoria: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?  ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”, pregunta Pablo (1 Co 15:57).  Según los padres antiguos, la cruz fue una especie de trampa en que cayó Satanás.  Creía que si matara a Cristo, la victoria sería suya.  Mató a Jesús en la cruz, pero el vencido fue él y no Jesús.  Esos antiguos padres solían exclamar “Christus Victor!  ¡Jesus es Vencedor!”10  Ya la muerte no es derrota para nosotros porque no fue derrota para Cristo.

A ti la gloria, ¡Oh nuestro Señor!

A ti la victoria, Gran libertador!

Te alzaste pujante, Lleno de poder,

Mas que el sol radiante Al amanecer.

Gozo, alegría, Reinen por doquier,

Porque Cristo hoy día Muestra su poder…

Ángeles cantando Himnos al Señor

Vanle aclamando Como vencedor.

A ti la gloria, ¡Oh nuestro Señor!

A ti la victoria, Gran libertador!

d). De pérdida en ganancia.  “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil 1:21)..  Si de veras nuestro vivir es Cristo, el morir es más de lo mismo, estar más cerca de Cristo y conocerle mejor.  Quien vive por el dinero lo pierde todo al morir.  Quienes viven por la fama, o por el placer, nada llevarán consigo a la eternidad.  Aun el intelectual que vive por el conocimiento, si no es conocer a Cristo, está dedicando su existencia a algo que al final de la jornada tendrá que perder.  Pero si nuestra vida entera está concentrada en el conocimiento de Cristo, morir será algo así como pasar de la educación primaria a los estudios avanzados.  En Cristo, morir es ganancia.

Naturalmente, la muerte de un ser querido es perdida para los que quedamos, y nos duele.  No debemos engañarnos con un falso optimismo  Hay que llorar en los funerales y exteriorizar el dolor humano que sentimos.  Pero la muerte no es pérdida para el ser querido, sino estar con Cristo lo cual es mucho mejor:

Tesoro incomparable, Jesús amigo fiel,

Refugio del que huye del adversario cruel…

Sin tu influencia santa, la vida es un morir;

Gozar de tu presencia, esto sólo es vivir.

e). Finalmente, Cristo transforma la muerte de fin en principio.  La muerte no es el acabose sino el comenzóse, como diría Mafalda.  Llama la atención que el fin de la misma Biblia resulta ser más bien un principio cualitativamente nuevo (Ap 21:1s).  Con Dios, las conclusiones son nuevos comienzos: “He aquí”, dice Dios nada menos que al final de toda la Biblia, “yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21:5), como que el divino Creador nunca se cansará de renovar todo.  Por eso también la muerte misma es un nuevo principio.  Antiguamente los cristianos llamaban al día de muerte de un hermano o hermana sus “natalicios”; la muerte no es el fin sino el nacer a una nueva vida.  Así Cristo ha transformado  el sentido de la muerte.

Martín Lutero, en uno de sus últimos sermones, dijo: “El mundo me dice que en medio de la vida, estoy muriendo; Dios me contesta, No, en medio de la muerte, vives”.  Cuando el gran teólogo puritano John Owen se moría, dictaba una carta a su secretario: “Estoy en la tierra de los vivientes saliendo para la tierra de los muertos.  No, más bien, de la tierra de los moribundos voy saliendo para la tierra de los vivientes”.

En 1997 moría en Chicago el cardenal José Bernardin, un hombre muy querido,  muy admirado y muy admirable.  Hizo de su cáncer terminal un testimonio de fe, compartiendo todo por televisión y orando que su muerte, igual que su vida, glorificara a Dios. La noche que agonizaba, una multitud estaba fuera de su residencia.  Los periodistas y el mundo entero esperaba la noticia, el cardenal ha muerto.  Pero al fin salió el secretario del cardenal, hubo silencio, y sus palabras fueron éstas: “Hace diez minutos el hermano José comenzó una nueva vida.”

Dietrich Bonhoeffer, el último día de su vida terrestre, celebró la Santa Cena en el campo de concentración, predicando sobre Isaías 53.  Al final de la celebración, un policía Gestapo de Adolfo Hitler llamó su nombre.  Bonhoeffer sabía que lo llevaban para ahorcarlo.  “Este es el fin”, fueron sus últimas palabras, “para mí el principio”. En Cristo, la muerte no es un fin sino un nuevo principio.

4) Una observación final: La resurrección de Cristo nos da una clave para entender otras esperanzas bíblicas.  Es una clave hermenéutica.  ¿Cómo va a ser nuestro cuerpo resucitado? Como el de Cristo.  ¿Cómo va a ser la venida de Cristo?  En ese cuerpo con el que resucitó.  ¿Cómo va a ser la nueva tierra?  Una que podré pisar con los pies de mi cuerpo resucitado.  Pero también tendré total libertad de aparecer ante Dios en la gloria, y verle como El es, y sin cuerpo igual que Cristo trasladarme a la nueva tierra a comer del árbol de la vida.  Sin caer en literalismos que van más allá de la enseñanza bíblica, podemos afirmar, a partir de la resurrección corporal de Cristo, un realismo básico en cuanto a las promesas escatológicas de la Palabra de Dios.

RESURRECCIÓN Y MISIÓN

Se ha dicho, con mucha razón, que acostumbramos predicar el evangelio a las personas como si fueran sólo “almas” y no tuvieran cuerpo.  ¿Qué significa la resurrección de la carne para la misión y la proclamación de la iglesia hoy?

1). Primero, significa una evangelización afirmativa.  Según 2 Cor.1:20 Jesucristo es el Sí y el Amén de Dios. Y en la resurrección de Cristo, y la nuestra, vemos que la vida no termina con un “no”, ni con signo de interrogación.  Termina con un “sí” enfático, y desde ese sí afirmativo debe de nacer nuestra evangelización.  Debemos ser gente positiva porque Cristo resucitó.  Hay mucho de negativo, y tenemos que ser realistas, pero lo negativo nunca debe de prevaler ni en nuestra vida ni en nuestra evangelización.  El “amén”, que es el “Sí” de Dios y el “sí” nuestro a Dios, debe de expresar toda la realidad de la resurrección en nosotros.

2) Nuestra misión debe realizarse en el poder de la resurrección.  En una oración verdaderamente sorprendente, cargada de superlativos y sinónimos enfáticos, Pablo pide a Dios que nos permita conocer “la supereminente grandeza del poder de Dios para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos…:” (Ef 1.19s),  ¡Qué increíble!  El mismo poder con que Dios resucitó a Cristo, nos ha resucitado de nuestra muerte espiritual (2:1) y opera en nosotros ahora, aunque no lo reconozcamos.  Pablo pide a Dios abrirnos los ojos (1:18) para darnos cuenta de nuestros recursos poderosos en Cristo.  Por eso Pablo afirma que hemos muerto y resucitado con Cristo.

En otra oración Pablo expresa su supremo deseo de “conocerle a El y el poder de su resurrección, siendo partícipe de sus sufrimientos”.(Fil 3:10s), que él describe como “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús” (3.8).  El poder de la resurrección de Cristo no es solamente futuro, que en el día final el poder de Dios nos va a resucitar.  Ese poder opera en nosotros ahora.  Entonces en la fuerza de la resurrección de Cristo llevamos el poder de la vida y de la salvación a otras personas.  No tenemos que confiar en poderes nuestros (retórica, medios técnicos, encuestas); el poder de la evangelización tiene que ser el poder que nació en una tumba vacía.

Paradójicamente, como indica Pablo en Fil 3.10, el único camino al poder de la resurrección es la Cruz.  Antes de entrar en ese poder hay que asumir la cruz.  Es dramático el caso de los dos testigos de Ap 11.  Mientras soplaban fuego y castigaban la tierra con toda clase de plagas (11.5s), no lograban nada sino atormentar a la gente (11.10).  Tenían que morir con Cristo, llevando su vituperio (11.7-10), y resucitar con él a novedad de vida y poder (11.11s).  Entonces muchos “dieron gloria al Dios del cielo” (13).11  Aunque Cristo no figura en el relato (sólo se menciona en 11.8 para identificar a Jerusalén), él es de hecho el personaje central.  Si hemos de tener poder en tiempos de tribulación, la pasión de Jesús tiene que “duplicarse” en nuestra propia muerte y resurrección con él.12

René Padilla tiene una frase muy impactante en su libro Misión Integral:

La primera condición de una evangelización genuina es la crucifixión del evangelista.  Sin ella el evangelio se convierte en verborragia y la evangelización en proselitismo (p.25).

Hoy día muchos esfuerzos de evangelización comienzan más bien con la exaltación y promoción del evangelista.  La evangelización no puede basarse en la imagen de glamour o éxito, elocuencia o importancia, del evangelista.  De su propia “campaña evangelística” en Corinto, San Pablo dijo que no había ido con elocuencia ni sabiduría sino con debilidad y mucho temor y temblor.  Si Pablo hubiera venido así a alguno de nuestros grandes estadios, lo tendríamos por un fracaso y el año entrante invitamos mejor a Apolos.  Pero Pablo se propuso no saber nada sino a Cristo y éste crucificado, y el poder de su resurrección.  Muy difícilmente se va a manifestar el poder de la cruz y resurrección en un esquema personalista..  El poder de la evangelización tiene que ser el poder de la cruz y la resurrección, y sólo eso.

3) Debe ser una evangelización encarnada.  Nuestra Biblia comienza con la creación del cuerpo humano, termina con la resurrección de la carne, y en su centro vital proclama el hecho increíble de que el mismo Creador se hizo carne.  Para salvarnos, Dios se manifestó en una vida humana, de carne y hueso como nosotros.  La encarnación fue el método supremo de Dios tanto para su propia revelación como para la salvación nuestra (Jn 1:12ss,16):13

Y el Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria como gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad…A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer (Jn 1.14,18).

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros tiempos nos ha hablado por el Hijo (Gr: “en Hijo”)…habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo…(Hb 1:1-3; cf 1Tm 3:16).

Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne… (Ro 8:3).

Y a vosotros….ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de su muerte, para presentaros santos y sin mancha….(Col 1:21s).

El Hijo fue enviado en carne, hecho una vida humana, y de la misma manera él nos envía a nosotros (Jn 20:21).  Nuestra evangelización comienza con la presencia manifiesta de Cristo en nosotros, haciendo acto de “residencia” en medio de la comunidad humana y reflejando su gloria, gracia e integridad (Jn 1:14).  Evangelizar no es sólo hablar, ni comienza con palabras.  Comienza con una vida que encarna el amor y el poder del Crucificado y Resucitado.

4) La resurrección implica también una evangelización humanizadora, que no deshumaniza sino humaniza.  Esto se basa tanto en la encarnación como en la resurrección.  Cristo se hizo humano para hacernos humanos a nosotros.  Como hemos visto, el Cristo resucitado era impresionantemente humano en su presencia entre los discípulos.  Aun ahora, a la diestra del padre, el sigue siendo el Mediador, “Jesucristo hombre” (1 Tm 2:5).  También el evangelio debe hacernos más humanos a nosotros.

Nuestra evangelización no siempre ha tenido esta característica.  A veces una “conversión” puede convertir una persona en un fanático religioso, menos humano de lo que era antes.  Especialmente preocupante es el nivel de prejuicio e intolerancia en algunos círculos cristianos, especialmente fundamentalistas.  Eso, en nombre del evangelio, puede deshumanizarnos más bien.  Si el evangelio nos hace menos humanos, ¿qué evangelio va a ser?.

Don Kenneth Strachan, en su brillante libro El llamado ineludible, sugiere que el fundamental punto de partida para toda evangelización es algo que compartimos con todos los demás: nuestra común humanidad.  Cuánto más rica y profunda sea nuestra humanidad en Cristo, más auténtica será nuestra evangelización.

5) La resurrección nos convoca a una evangelización en pro de la vida.  La resurrección es una afirmación de la vida humana y del cuerpo.  Por eso la evangelización debe promover la salud integral de la persona, pues la resurrección nos librará al fin de toda dolencia.  Esa salud perfecta escatológica se prefiguraba ya en los milagros de sanidad de Jesús, que anticipaban la resurrección del cuerpo.14  Cada sanación que Jesús hacía era ya un signo de la resurrección del cuerpo, libre para siempre de  enfermedad y muerte.  Y la iglesia debe ser un instrumento de sanidad, un vehículo de salud y de Shalom.  Si Dios sana por su palabra poderosa en nombre de Cristo, a su nombre gloria.  Si Dios sana por una clínica que levanta una iglesia, a su nombre gloria.  Un médico dijo: “Dios es quien sana y nosotros solo cobramos”.  Dios cura por la medicina o por su palabra sanadora, a como sea su voluntad.

Pero hay también iglesias malsanas, que enferman a la gente, y la iglesia no está para eso. Una vez la esposa de un profesor universitario me preguntó:  “Hermano Juan, ¿qué hago?  Metí a mi hija en un colegio evangélico y le han atemorizado con eso de la gran tribulación y con el infierno.  La pobre grita en la noche y no puede dormir, porque le han inculcado un mensaje patológico”.  Una evangelización desde la resurrección es una evangelización por la vida.

En Centroamérica estamos en una lucha entre vida y muerte.  Jesucristo es vida y verdad, el diablo es muerte y mentira (Jn 8:44).  Dice Julia Esquivel: “Vivo cada día para matar la muerte”.  Cristo es “muerte de nuestra muerte y vida de nuestra vida”.  Nosotros debemos vivir para darle muerte a la muerte, y vida abundante a todos los que nos rodean:

Vivo cada día para matar la muerte,

muero cada día para parir la vida;

y en esta muerte de la muerte muero mil veces

y resucito otras tantas

desde el amor que alimenta de mi pueblo la esperanza.

6) Como mensaje de la resurrección, nuestra misión es misión esperanzadora.  Los que creemos en la resurrección debemos ser contagiosos de esperanza.  La resurrección nos muestra que la escatología cristiana, lejos de ser primordialmente un mensaje de amenaza o terror, es un mensaje profundo de esperanza. La gente que se han encontrado con nosotros no pueden no esperar; el esperar nace naturalmente de la resurrección.  La fe en la resurrección será un contagio evangelizador.

Hay un himno del himnólogo argentino Federico Pagura, que remacha todos los temas que hemos visto en este capítulo:

Porque El entró en el mundo y en la historia,

porque quebró el silencio y la agonía,

porque llenó la tierra con su gloria

porque fue luz en nuestra noche fría,

Porque El nació en un pesebre oscuro

porque vivió sembrando amor y vida,

porque  partió los corazones duros

y levantó las almas abatidas,

Porque atacó ambiciosos mercaderes

y denunció maldad e hipocresía,.

Porque exaltó los niños y mujeres,

rechazó a los que de orgullo ardían,

porque El cargó la cruz de nuestras penas

y saboreó la hiel de nuestros males

porque aceptó sufrir nuestra condena

y así morir por todos los mortales.

Por eso es que hoy tenemos esperanza,

Por eso es que hoy luchamos con porfía,

por eso es que hoy miramos con confianza,

el porvenir en esta tierra mía y nuestra.

¡Que Dios nos de fe y alegría en la resurrección de nuestro Señor, y mucha esperanza!

Bibliografía

Lutero aplicó esta fórmula a la justificación por la fe pero se aplica aun más a la resurrección de Cristo.

Cf . las palabras de Karl Barth: “Si Cristo no resucitó – corporalmente, visiblemente, audiblemente, perceptiblemente, en el mismo sentido concreto en que murió, como dicen los textos – si no ha resucitado, entonces nuestra predicación y nuestra fe son vanas e inútiles; estamos todavía en nuestros pecados” (Church Dogmatics IV/1 pp. 351s).

Ver la obra clásica de Oscar Cullmann, “¿Inmortalidad del alma o resurrección de los muertos?” en Cullmann, del evangelio a la formación de la teología cristiana (Salamanca: Sígueme 1972) pp. 233-268.

Es significativo que los dos discípulos reconocieron a Jesús “estando ellos en la mesa, cuando partió el pan” (24:30).  En parte, parece sugerir que ellos ya conocían la manera típica de Jesús de compartir la comunión de mesa con los suyos.  Jesús sabía “comer o beber, o hacer cualquier otra cosa, para la gloria de Dios” (1Co 10:31).

Joseph Fitzmyer (Gospel according to Luke, Doubleday 1985, Vol. II pp. 1538, 1574) sugiere que las apariciones de Jesús resucitado eran siempre “desde la gloria” (24:26).

El adjetivo “celestial” en 1 Co 15:46-49 no describe directamente al cuerpo resucitado sino a Cristo como segundo Adán, por quien y en quien resucitarán también nuestros cuerpos.  La resurrección no tiene origen terrenal sino celetial.

Ver más al respecto en el último capítulo de este libro, sobre el fin del mundo.

Sacramentum Mundi 4:818.

Theological Wordbook p.60.

10 Ver Gustaf Aulen, Christus Victor (1931).

11 Es notable que éste es el único pasaje del Ap donde la gente responde positivamente.  En los demás pasajes el resultado es que “sin embargo no se arrepintieron” (9:21; 16:21)

12 Ver nuestro artículo, “La misión en el Apocalipsis” en Bases bíblicas de la misión, René Padilla ed. (Grand Rapids: Nueva Creación 1998), pp. 368-372.

13 Cf W. Dayton Roberts,  “Encarnación” en Diccionario Ilustrado de la Biblia, Wilton M. Nelson ed (Miami: Caribe 1974), p.197.

14 Cf Oscar Cullmann, “El rescate anticipado del cuerpo human según el N.T.” en del evangelio a la formación de la teología cristiana (Salamanca: Sígueme 1972), pp. 135-150.

Una entrevista de Jorge Henrique Barro, presidente de la FTL con René Padilla en la Faculdade Teológica Sul Americana de Londrina, Brazil. El tema es la mision integral.

Por Irma Espinoza

Introducción

El presente artículo ha sido elaborado con el propósito de describir y evaluar los aportes y desafíos del despertar misionero entre los grupos indígenas de la amazonia peruana, dado que más de seis décadas de presencia misionera no han pasado en vano, ya podemos hablar de una generación indígena que de alguna manera ha sido afectada por estos encuentros y porque no decir también desencuentros.

La investigación está enfocado en analizar el modo como se manifestaron las denominadas tres olas misiológicas, es decir los tres momentos de la acción misionera, en la Amazonia peruana y ponerlas en relevancia para considerar su importancia. A continuación pasamos a describirlas:

Olas Misioneras en la Amazonía Peruana

Primera Ola: Trata acerca de la incursión de las misiones extranjeras de USA y EUROPA que desplegaron sus esfuerzos para el envío de misioneros a las comunidades indígenas denominadas no alcanzadas en aquél tiempo.

El conocimiento del evangelio fue aproximándose a los grupos tribales de la amazonia, básicamente por el trabajo de tres misiones tradicionales: La South American Mission (SAM)-1932, el Instituto Lingüístico de Verano (ILV)-1946 y la Misión Suiza en el Perú (MSP)-1957. Cada una de estas Instituciones misioneras extranjeras tenían sus especialidades o énfasis que eran útiles para la evangelización y que vinieron a ofrecer:

  • La Traducción del NT y la Educación Bilingüe (ILV)
  • Preparación de pastores, Proyectos Comunales y servicio aéreo (SAM)
  • Preparación de pastores y líderes, Institutos Bíblicos (MSP)

 

Estas 3 entidades misioneras fueron de gran trascendencia, porque fueron pioneros en este trabajo entre las poblaciones indígenas.

Segunda Ola: Se describe el despertar de las iglesias denominacionales mestizas o hispano hablantes con sus proyectos de alcances misioneros. Situación que ocurre como consecuencia del esfuerzo inicial de las agencias misioneras, y el hecho que las iglesias locales percibieran sus capacidades para hacer misión en otros contextos socioculturales.

Tercera Ola1: Tiene que ver con el despertar misionero de la iglesia indígena en su quehacer de continuar llevando el evangelio. Se enfatizará el análisis de la mencionada Ola, dado el interés de los líderes indígenas por evangelizar a sus propias etnias y a otras a las que todavía no han llegado el evangelio, o donde la iglesia aún es débil en su desarrollo general.

La Realidad Indígena Hoy:

En el ámbito de Latinoamérica, el Perú es reconocido como un país heterogéneo, pluricultural y multilingüe, con características muy marcadas. Las etnias indígenas experimentan aún situaciones de profunda exclusión política y social.[1] Muchos de ellos tienen conocimiento del evangelio, algunos usan el Nuevo Testamento (NT), traducido a su propio idioma. Algunas de estas comunidades, por el avance y el desarrollo de las comunicaciones, tienen teléfono, Internet y la Televisión.

Esta es una de las causas que les empuja a la necesidad de manejar el idioma dominante que es el castellano.

Por otro lado en los últimos años, las comunidades indígenas se han constituido en las más pobres y desprotegidas por el Estado, y la sociedad, así como también, aquellas que han alcanzado una estrecha interacción con las misiones de la primera ola y con las propias iglesias cristianas.

Por ello podemos afirmar que estas sociedades no son “campo blanco” como algunas iglesias denominacionales lo declaran.

En la Amazonia peruana hay un despertar misionero de la Tercera Ola por las siguientes razones:

  • Existen iglesias establecidas, dirigidas por pastores que han pasado por estudios teológicos. Hay misioneros que van llevando la Palabra en sus propios idiomas y también de manera transcultural. Hay una representación de liderazgo indígena.
  • De las 54 etnias, 17 se han organizado para formar su asociación de iglesias.
  • Existe una autoridad máxima que los representa, la FAIENAP (Fraternidad de Asociaciones de Iglesias Evangélicas Nativas de la Amazonia Peruana). Dentro de la cual se llevan a cabo dos programas misioneros: Capacitación Misionera Transcultural (CAMIT) y la continuidad de la Traducción de la Biblia por los mismos indígenas.
  • Por lo menos 25 de las etnias amazónicas cuentan con el NT en su idioma.
  • En el año 2003 se formó la Misión Integral Nativa de la Amazonía Peruana (MINAP).
  • En el año 2012 se creó la Red de líderes Evangélicos Nativos de la Amazonía Peruana (RELENAP).

 

Entonces, podemos decir que el liderazgo indígena no está aislado, sino que se relaciona de cerca con las misiones extranjeras tradicionales y esporádicamente con otras iglesias mestizas.

Sin embargo se siguen percibiendo que no son asimiladas dentro del movimiento misionero:

  • El líder indígena tiene potencial misionero que no es reconocido, por las misiones tradicionales, ni por las iglesias mestizas.
  • Las misiones extranjeras no “empoderan” al liderazgo indígena, porque todavía no los consideran “preparados”.
  • Se podría decir que las iglesias mestizas, no respetan ni consultan a las asociaciones de iglesias nativas acerca de la forma de cómo realizar un trabajo contextual. Estas congregaciones nacionales están más interesadas en cumplir sus propios “programas misioneros”.
  • Hay un desconocimiento de cómo llegar a los hermanos indígenas con la ayuda pertinente y desde la perspectiva indígena. Entran ofreciéndoles lo que tienen y a veces lo que les sobra, con proyectos pre-desarrollados. No se sientan juntos a la mesa para escuchar y tampoco les ven como parte del programa a desarrollar. Les siguen tratando como espectadores.
  • La FAIENAP ha trabajado su Plan de Trabajo, pero no es conocido porque la iglesia mestiza no la ve como la entidad que representa a la iglesia indígena.
  • El trabajo misionero entre los indígenas, mayormente ha sido enfocado al área espiritual, descuidando las otras áreas, como lo político, social, económico, ecológico y de desarrollo.
  • La sociedad nacional no reconoce su potencial en el cuidado y conservación del medio ambiente que por décadas han sabido preservarla gracias a su desarrollada espiritualidad. Sobre el territorio y el lugar se construyen reflexiones sanas.
  • Todavía se observa una visión misionera tradicional desde la Primera y Segunda Olas que incursionan a las iglesias nativas con una visión Mesiánica, Conversionista, Etnocentrista, Paternalista, y en algunos casos sólo denominacionalistas.

 

En Mateo 25:35-46 se destaca nuestra responsabilidad social y no sólo lo espiritual, mirando a la persona de forma integral como parte de nuestra espiritualidad, el Apóstol nos recuerda: “Porque tuve hambre, y no me distes de comer; tuve sed, y no me distes de beber; fui forastero, y no me recogiste; estuve desnudo, y no me cubriste; enfermo, y en la cárcel, y no me visitaste. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hiciste a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteE irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

Qué importante es que prestemos atención al prójimo, al Otro, al próximo y escuchemos su voz, su necesidad, su dolor, su clamor, a su insuficiencia y a su carestía. No podemos ser indiferentes, soberbios ni egoístas ante esta realidad. Debemos amar al prójimo como a nosotros mismos, de manera integral, buscando juntos las soluciones que les den vida, dignidad y justicia en Cristo. Nos toca cumplir con responsabilidad el mandato de estar del lado del necesitado, pobre, y oprimido tanto físico, emocional, material y espiritualmente.

Debemos preguntarnos: ¿Cómo ponemos en práctica nuestro amor al prójimo? No se trata de caridad o de un acto filantrópico, sino de cumplir el mandato de amar al prójimo, identificándonos con Cristo y Su obra en construcción de la Missio Dei. Vivimos en una sociedad donde las personas esperan “más que palabras, hechos concretos

“El párrafo 10 del Pacto de Lausana se refiere a la evangelización y la cultura, reconociendo que “las misiones con mucha frecuencia, han exportado una cultura extraña con el Evangelio”. Por ello afirma que “El evangelio no presupone la superioridad de una cultura sobre otras, sino que evalúa a todas las culturas según sus propios criterios de verdad y justicia”.[2]

Mi Experiencia.

Con esa motivación Dios me llevó a enfocar mi servicio a una sola etnia. El grupo que me impactó y llamó la atención desde un principio fue la etnia Candoshi que está ubicada en un afluente del río Pastaza ingresando por el Lago Rimachi al Noreste de la Amazonía peruana, cerca de la frontera con el Ecuador.

La gran mayoría es monolingüe, viven con afecciones graves de salud, tienen Hepatitis “A”, “B”, “C” y la Deltaesto afecta su dignidad, sin embargo a pesar de su situación, es una cultura alegre, expresiva y de carácter fuerte. Este grupo cultural pertenece a la familia lingüística de los Jibaros.

Entré a compartir su vida con esta gente maravillosa de ésta cultura, sin proyectos, sin materia que enseñar, con el deseo de conocerles y entender su corazón y éstas son algunas de las cosas que aprendí en estos años de largo quehacer misionero.

El mundo no es un objeto estático que la mente humana confronta e intenta comprender, más bien el mundo es un proyecto no terminado en proceso de construcción”[3]

  1. Entender y comprender la cosmovisión.- Un principio fundamental es entender que Dios nos envía, guiados por el Espíritu Santo, para comunicar su mensaje liberador y que dignifique a la persona, a algunos aspectos de su cultura y en su cultura.
  2. Construir una pastoral contextualizada.- La compleja realidad cultural y social de las comunidades nativas nos invita a desarrollar esfuerzos misioneros que responda a su contexto. Se requiere de una reflexión intercultural con parámetros transculturales.
  3. Ayudar a construir comunidades sanadoras.- “Debemos reconocer el atropello cometido contra los pueblos y culturas indígenas. Negar esto sería faltar a la verdad. El arrepentimiento y la reconciliación entre los miembros de estas dos grandes tradiciones deben ser un proyecto en el cual la iglesia de Cristo participe comenzado desde adentro y afectando a la sociedad más amplia”.[4]
  4. Reconstruir y/o Reforzar la ética de Grupo.- Hacer misión entre los pueblos indígenas, es entrar a un contexto en el cual el sentido de comunidad es parte estructural de la forma en como ellos conciben el mundo, la vida, la sociedad. Sus normas y valores cristalizados por el evangelio sanador permiten restablecer un estilo de vida con dignidad.
  5. Contribuir en la afirmación de su identidad étnica.- La entrada del evangelio y de otros agentes de la sociedad ha dado pie a que las comunidades indígenas pierdan cada vez más su identidad cultural. Se ha pensado que los aspectos culturales desarrollados como su cultura, el uso de plumas, sus danzas, sus instrumentos musicales son del Diablo.
  6. Contribuir a su visibilidad en la sociedad.-Esto tiene que ver con el deseo de acompañar a las comunidades y organizaciones nativas seculares y cristianas a tener una presencia más visible y de testimonio profético en la sociedad. “El pueblo asentado en tinieblas vio una gran luz, y a los que vivían en región y sombra de muerte, una luz les resplandeció”.[5] Es importante que juntos trabajemos en construir una nueva sociedad.

 

A manera de Conclusión:

El desafío de la iglesia en este tiempo es generar proyectos misioneros que logren reemplazar los paternalismos, mesianismos y conversionismos por una propuesta misiológica más dialogante, más intercultural, más pastoral, más liberadora con programas que sean más sostenibles. Y no estamos hablando de un paradigma que se aleje de las bases bíblicas de la misión. De lo que se trata, más bien, es de recuperar el sentido primigenio de la Gran Comisión que – como diría David Bosch –“esta perspectiva de la misión denota la totalidad de la tarea dada por Dios a la Iglesia para la salvación del mundo que ha sido enviada al mundo para amar, servir, predicar, enseñar, SANAR y liberar”.[6]

Creer en la acción del Espíritu Santo en la transformación y guía de estas personas hacia la verdad, esto hace que el Espíritu Santo fluya con libertad en la transformación desde el individuo hacia toda la comunidad.  “Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad. De modo que cualquiera que obedezca la voz del Señor recibe una medida adicional del Espíritu Santo que Dios ha dado a los que obedecen”.[7]

Nuestro deseo final al hacer misión, es que las mismas iglesias creen líderes maduros en la fe, es un camino largo, pero es el camino más sustentable. Sin embargo la pregunta seguirá siendo ¿Qué tipo de líderes queremos para el futuro de nuestras comunidades indígenas? Acaso no buscamos un liderazgo que sepa reflexionar y tenga el valor de cuestionar y a partir de ello construir juntos un camino? ¿O queremos un liderazgo que esté basado en una auténtica espiritualidad cristiana y que a la vez haya tenido la sabiduría de respetar la cultura en la que Dios le ha puesto? AndrewWalls nos recuerda que “durante el último siglo ha habido un cambio masivo del centro de gravedad del mundo cristiano hacia la parte sur, de modo que las tierras representativas cristianas ahora parecen estar en Latinoamérica, Sud-Sahara África y otras partes de los continentes del sur. Esto significa que es muy probable que la teología del Tercer Mundo se convierta en la teología cristiana representativa”.[8]Esto nos hace reflexionar con más razón en que debemos tener una mente inclusiva hacia nuestros hermanos indígenas y escucharles para que sean protagonistas de sus reflexiones teológicas que, todavía por ser orales no son conocidas y no podemos gozar del aporte de toda su riqueza en nuestro medio cristiano, que está y sigue en el camino de la construcción misiológica.

Otro elemento más de Walls, “vivimos en un tiempo muy especial en que Jesucristo está siendo completado igual con el evangelio, con el aporte de todos los pueblos que estaban en incógnita, por eso es importante dar a conocer el peregrinaje de los indígenas como pueblo de Dios.[9] Recordándonos así que toda cultura va cambiando, va enriqueciéndose y va aprendiendo y siendo más creativa a medida que los aportes se siguen dando, y seguiremos aprendiendo y aportando hasta el fin porque por otro lado, somos también peregrinos.

Una alternativa que se viene experimentando es buscar los acercamientos a través de la formación de REDES de APOYO internacional e interdisciplinario. En el 2007 se reúnen por primera vez en Iquitos-Perú, líderes indígenas de 7 países amazónicos, con el propósito de intercambiar experiencias comunes. Como resultado de este encuentro estos líderes forman la Red Transamazónica con la visión de unir esfuerzos para buscar soluciones a problemas comunes. Hay mucha esperanza de lo que Dios va a seguir haciendo a través de nuestra adoración, mientras proclamamos su nombre, y usándonos en el discipulado, con la visión de ver aquí en el ahora una nueva humanidad, servicial, de respeto, que ama, y puede mostrarnos esperanza de un futuro mejor.

“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”.[10]

Que Dios nos ayude a ser sensibles a su voz y a su llamado para que sea su amor hacia los más necesitados lo que nos convoque a la tarea misionera.

 

amazonia peruana

————————–

Bibliografiía

1.- El Mundo Cambiante de las Misiones Modernas, Phil Kenney & Andrés Casanueva. 2013

[1] LA TORRE-CUADROS, María de los Ángeles. ARTÍCULO: en el Boletín “Ciento doce años de investigación científica sobre las etnias de la Amazonia Peruana” Resumen Feb. 2008.
[2] Escobar Samuel “El Pacto de Lausana: Del Dicho al Hecho” Publicado en el Blog de Bernabé el 11 de Enero del 2011.
[3] BOSCH, Davis J. “MSISION EN TRANSFORMACION”. Cambios de paradigmas en la teología de la misión. Libros DESAFIO, Grand Rapids, Michigan 2005 pp. 517.
[4] Paredes, Tito. “Evangelio y Cultura” ”. III Congreso Latinoamericano de Evangelización, agosto 1992.
[5] Mt. 4:16.
[6] Bosch, David J. “Misión en transformación. Cambios de paradigmas en la teología de la misión”, Orbis Books, 1991.
[7] Hechos 5;32.
[8] Walls, Andrew. EL EVANGELIO COMO PRISIONERO Y LIBERTADOR DE LA CULTURA.   ¿Existe una “Fe Cristiana Histórica”? pp 19.
[9] Walls, Andrew. EL EVANGELIO COMO PRISIONERO Y LIBERTADOR DE LA CULTURA.   ¿Existe una “Fe Cristiana Histórica”? pp 19.
[10] Apocalipsis 7:9-10

Noelia Becerra

A medio día, cuando no había mejor pretexto para unirse que una sabrosa comida, la buena compañía invitaba a sentarse alrededor de una mesa y no en una cualquiera sino en una que sería testigo de charlas interminables, carcajadas inagotables y sesudos debates que harían que esos momentos sean por demás entrañables… había que cuidar cada detalle y Lilly, como buena anfitriona, lo sabía muy bien; ya estaba todo dispuesto en el comedor de los Escobar Artola.

Pastores, estudiantes, amigos o familiares tenían asegurado un espacio en el hogar de esta familia misionera que a lugar donde fue abrió sus puertas. No hubiera sido lo mismo sin la presencia de Lilly Artola, ancashina nacida en 1934 que vivió su niñez entre Huaraz (Ancash) y Chorrillos (Lima) en donde atesoró gratos recuerdos junto a su madre Ofelia y sus hermanos Soledad, Reynaldo, Inés, Esther y Rómulo. Lugar especial ocuparía su estancia por los campos y montañas huaracinas junto a su querida abuela.

Ya en su juventud empezó a asistir a la Iglesia Bautista Ebenezer, donde conocería a su compañero de toda la vida y con el cual se casaría en mayo de 1958. Tiempo después viajarían a Argentina para trabajar con los grupos estudiantiles por varios años. Dando así inicio a una vida de compromiso con el Señor, que incluiría incontables viajes y traslados ocasionales que dieron cuenta de la firmeza de carácter y capacidad de adaptación de Lilly, las mismas que inculcó a sus hijos Alejandro y Lilly Ester.

Tras algunos años en Brasil, Argentina y Canadá, Lilly y su familia retornaron al Perú acompañando a Samuel en su trabajo con los grupos estudiantiles. Durante ese tiempo realizó una destacada labor con los hijos de las reclusas del Penal de Mujeres de Chorrillos, organizando campamentos y diversas actividades a través de la Unión Bíblica.

Tiempo después viajarían a Estados Unidos y aprovechando la estadía en el lugar, Mamá Lilly motivó a sus dos hijos a atender a las oportunidades formativas que el país ofrecía. Así, Alejandro obtuvo su Licenciatura en Sistemas y una Maestría en Economía, mientras que Lilly Ester llegó a obtener el Doctorado en Lengua y Literatura.

Además de su rol como esposa y madre, Lilly desarrolló habilidades artísticas que podían verse en la sala de su casa y que en ocasiones fueron exhibidas por su pulcritud y laboriosidad.

En el año 2008 celebró sus Bodas de Oro junto a sus hijos y nietos en la misma iglesia donde se caso con Samuel y en donde amigos y familiares destacaron el espíritu siempre constante que la caracterizó.

Ese mismo año acompañó a los estudiantes universitarios evangélicos en las conferencias dictadas por Samuel previo al 39º Congreso Nacional de la Asociación de Grupos Evangélicos Universitarios del Perú (AGEUP) que tuvo lugar en Arequipa, ciudad natal de Samuel. Tiempo en el que también se reencontró con amigos y familiares.

Sea manejando una bicicleta para trasladar a sus hijos en un día de compras o un automóvil para la pronta llegada de Samuel a una de sus conferencias, Lilly atendió a su familia sabiendo que esto era su servicio a Dios, según manifestó en una ocasión: “A nuestros hijos les digo que su papá realiza un trabajo que así nomás no se hace… es un trabajo para el Señor, así que mientras él viaja mi ofrenda para Dios es cuidar de ellos”.

Y así lo hizo, en una labor casi silenciosa que permitió a su esposo continuar con sus aportes en la enseñanza, predicación, investigación y producción de textos.

Madre dedicada, mujer servicial, hospitalaria destacada y consejera oportuna, Lilly descansó en la Paz del Dios Eterno a quien sirvió, rodeada de los cuidados de su amado esposo Samuel, sus hijos Alejandro y Lilly Ester, sintiendo el cariño de sus nietos Juan, María Alejandra y Nicolás y el afecto de su yerno Pedro, y su nuera Marialy.

15 Lily Esther

Lilly_Bodas de Oro

Por Jorge Henrique Barro

 

Nasci em 25 de abril de 1962. Minha família era pobre e no nosso endereço a letra “F” de fundos insistia em nos acompanhar. Em quase todas as casas que moramos eram feitas de madeiras e algumas com muitas goteiras. Sempre contei com o carinho dos meus pais e irmãos. A pobreza não tem o poder de tirar duas coisas de nós: o amor e a integridade. Uma família simples, mas unida. Hoje percebo o valor da pobreza em minha vida. Percebo que sou um homem mais grato e mais sensível aos que sofrem. Minha peregrinação em missão sem dúvida passa por essa família e por suas circunstâncias de vida. Uma família que sempre ajudou aos mais necessitados e carentes, tendo uma mãe com o coração como de Dorcas, que ao morrer, “todas as viúvas… chorando e mostrando os vestidos e outras roupas que Dorcas havia feito quando estava viva” (At 9:35). Cansei de ver pessoas em casa sendo auxiliados por minha mãe, que ensinava as mulheres simples a fazer roupas, sabão, tomate seco, frutas em compotas e por ai vai.

Um filho no templo

Meus pais eram zeladores de uma igreja católica na cidade de Marília, interior de São Paulo. Ali no templo, todos os dias, eu ficava com minha mãe e a via limpando os bancos, lustrando as imagens. Enquanto isso, eu ficava brincando, passando por debaixo dos bancos. Minhas irmãs encontraram um grupo de pessoas da Igreja Presbiteriana e aos poucos toda a família foi para lá. Resultado: meus pais passaram a ser zeladores dessa igreja. Novamente estou no templo, tendo contato com pessoas religiosas, sendo influenciado pelas coisas da igreja. Era Deus me preparando. Mas disso eu não sabia. Ali naquela igreja havia um grupo de pessoas intimamente ligadas ao ministério Palavra da Vida, de Atibaia/SP, onde bem mais tarde, aos quinze anos, acontece minha real conversão ao Senhor.

Um pobre entre os ricos

Meus pais mudaram-se para a grande cidade de São Paulo e ali minha peregrinação em missão começa a tomar rumos. Fomos parar na Igreja Presbiteriana Unidade de São Paulo. Meu irmão, que já morava em ali, freqüentava essa igreja. Uma igreja que na época composta de pessoas da classe média e alta. Imagine uma família pobre chegando nessa igreja, tendo que lidar com essa nova cultura. No primeiro culto em que fui, estava calçando uma botina e nem qual roupa, mas sei o apelido o ganhei: jegueira! (burro). Um moleque pobre, com sotaque de caipira, não conhecia ninguém e teria que se relacionar com amigos que possuíam belas casas e comidas finas. Eu nunca tive a noção para que serviu aqueles muitos talheres nas mesas e sempre esperava os outros começarem a comer para eu saber qual deles deveria pegar. Passei muitas vergonhas e fui motivo de risos. O desprezo dói. Ao poucos meus amigos foram percebendo outras coisas em minha vida e no final passei a ser amado por eles. A pobreza torna a pessoa esperta e criativa. Cheguei a ser o presidente da UPA (união Presbiteriana dos Adolescentes).

Com a chegada do Rev. Denoel Nicodemos Eller, um homem de coração simples e sensível que gastou tempo comigo. Comecei a ser despertado para o ministério pastoral. Nunca me esqueço de uma viagem até Campinas, para visitar o Seminário Presbiteriano do Sul, que ele me convidou. Dirigindo seu carro ele me disse: “Jorge, não sei porque eu estou pastoreando essa igreja. Ela está cheia de doutores, gente intelectual e rica. Todas as vezes que subo no púlpito eu fico tremendo. Mas Deus me tem força”. Pensei comigo, “esse homem é sério, conhece seus limites, mas sabe do seu valor e que em Deus pode ir adiante”. Essa experiência foi tão forte e minha admiração por ele crescia a cada dia. E foi num desses dias que Deus me chamou para…

O ministério pastoral

Esse pastor querido estava pregando e no final de sua mensagem fez um apelo para todos os presentes no culto. “Quem nessa manhã sente que Deus está chamando para ser pastor, fique em pé, e vou orar por você”. Foi algo imediato. De pronto fiquei em pé, achando que dezenas de pessoas fariam o mesmo. Você já sabe o que aconteceu. Isso mesmo: apenas eu estava em pé. Olhei rapidamente para os lados e imediatamente sentei, morrendo de vergonha. As pessoas esboçaram rir, quando o Rev. Denoel disse: “Filho, pode ficar em pé. Não tenha vergonha. Pelo jeito é com você que Deus está falando hoje”. Fiz o que ele me pediu, orou e pediu a bênção de Deus sobre esse propósito.

Alguns amigos já estavam me esperando no pátio da igreja e quando cheguei perto lá se veio o comentário em tom de brincadeira, “Quer dizer que agora temos o pastor-jegueira”. Todos riram. Não era para menos, um caipira, de família simples, pensar em ir ao seminário via uma igreja que só teve pastores de renome. Muita petulância.

No ano seguinte me apresentei ao Conselho da Igreja, numa sala imponente, com os presbíteros todos ali, e a pergunta veio por parte de algum deles: “Jovem, por que você que ser pastor?”. Prontamente respondi, “para servir a Deus”. Ele respondeu, “mas você não poder servir a Deus sem ser pastor?” “É, posso sim”, falei timidamente. Ele retrucou, “então nos diga porque você que ser pastor”. E minha resposta foi, “não sei, só sei que quero”. Sai da sala para eles decidirem e quando me chamaram, todos olham para mi e um deles diz: “jovem, gostamos da sinceridade do seu coração e vamos te enviar para o seminário”. Sai dali com lágrimas nos olhos.

Seminário Rev. José Manoel da Conceição

Em 1983 fui estudar no Seminário Rev. José Manoel da Conceição que pertencia a Igreja Presbiteriana do Brasil e ligado a Universidade Mackenzie. Esse era um seminário recém criado e, portanto, essas primeiras turmas foram cobaias do projeto. Nossas aulas eram ministradas na Igreja Presbiteriana do Calvário. Era um seminário de linha dura, conservadora com uma teologia voltada para a igreja. O diálogo existia entre os iguais. Os diferentes eram tidos como liberais e progressistas. Esse enquadramento me foi dado quando eu passei a entrar em contato com um ministério que viria a ser um referencial em minha vida e ministério: a Sociedade de Estudantes de Teologia Evangélica, chamada de SETE.

A SETE

Entrei em contato com a SETE (Sociedade dos Estudantes de Teologia Evangélica) por meio do Douglas Spurlock, que foi missionário no Brasil pela SEPAL (Serviço de Evangelização para a América Latina). Ali conhecia pessoas como o Luís Wesley, Wilson Costa dos Santos, Roberto Nobuyuki Handa, Glauber Meier, Júlio Zabatiero, Célio Voigt, Ed René Kivtiz e Ricardo Agreste, entre outros.

A SETE tinha por objetivo investir em seminaristas de todo o Brasil. Realizava encontros para seminaristas, em Águas de Lindóia, Poços de Caldas e tantos outros lugares. Preletores renomados participaram conosco. O livro, Novos ministros para uma nova realidade, do Caio Fábio, é fruto do tema e a SETE pediu para que ele ministrasse. Nessa ocasião reunimos 600 seminaristas vindos de todas as partes do Brasil. A SETE publicava o Boletim Teológico, que servia de subsídio para os seminaristas e também criou o chamado Clube do Livro, oferecendo livros a um custo bem reduzido e possui a Informativo, para divulgar e comunicar os trabalhos.

Era nítida a influência da SETE em minhas reflexões e trabalhos realizados no seminário. Logo ganhei a fama de liberal e fui proibido de divulgar a SETE no seminário e não podia distribui nada relacionado a ela. Discriminado por muitos, segui radiante com esse ministério, pois eu estava bebendo de uma fonte teológica que jamais iria morrer. Minha peregrinação em missão passa fundamentalmente pela SETE. Sou eternamente devedor a esse ministério, aos meus companheiros de caminhada com ela, e de maneira especial ao mentor de todos nós, um dos homens mais fantásticos que conhece em minha vida, o amado Douglas Spurlock, tendo ao seu lado o doce Joyce, sua esposa. O Douglas nos marcava por sua criatividade, visão sempre à frente do tempo, discipulador por excelência, instigador, senso de humor aguçado e muito carinhoso. Coloquei minha cabeça a prêmio nessa época, como também vários dos meus companheiros. Disso nunca me arrependi e nem tive medo. Simon Bolívar disse: “cuida da tua integridade que Deus cuidará da tua reputação”. A instituição pode roubar de nós algumas coisas, mas jamais terá a capacidade de roubar a nossa vocação.

O lema da SETE era: “Ser líderes fiéis e eficazes”, por meio de quatro metas: 1. Homens e mulheres de Deus; 2. Filosofia bíblica de ministério; 3. Liderança na expansão do Reino de Deus; 4 Teologia bíblica, contextual e Brasileira.

Seminário Presbiteriano do Norte

Em 1984 rumei para a cidade de Recife, me transferindo para o Seminário Presbiteriano do Norte. Estando ali e profundamente ligado a SETE, junto com Nobu Handa, levamos a SETE para o Nordeste Brasileiro. Abrimos lá a casa da SETE, que também tinha em São Paulo, servindo de apoio aos seminaristas. Vários encontros forma realizados, sendo o primeiro deles com o querido Dr. Russel Shedd, na Palavra da Vida. Dali a SETE se espalha pelo nordeste e vários líderes locais se unem, como o Paulo Maurício Lomba e Sergio Francisco do Santos. Mais tarde o Wilson Costa dos Santos muda-se para Recife, som sua família, para ser o Coordenador da SETE-Nordeste.

Ali no nordeste percebi a urgente a necessidade de uma teologia bíblica, contextual e brasileira. Isso certamente não agradava alguns líderes na época (e nem nos dias atuais). A palavra que eles achavam que deveria ser usada era aplicação da teologia e não contextualização. Hoje, quando uma pessoa não fala de contextualização, não é séria missiológica e teologicamente falando. Uma coisa que aprendi em minha peregrinagem em missão é que os conceitos mudam e as pessoas também. A SETE foi esse fundamento da minha peregrinação; a Fraternidade Teológica Latino Americana o descortinar de uma aventura e imersão na teologia latino-americana.

Fraternidade Teológica Latino-Americana (FTL)

Sem dúvida a FTL foi esse outro movimento que me coloca em contato com uma teologia que iria fazer todo o sentido à minha existência. Na SETE já trabalhávamos o conceito de missão integral. Eu mesmo escrevi um artigo no Boletim Teológico de julho/setembro de 1988, vol. V, nº 10, A teologia da missão integral da igreja (holismo) como ética de alternativa social. Timóteo Carriker escreve para o BT º 21 o artigo, O crescimento integral da igreja. Já conhecendo esse conceito, na FTL entro de cabeça, passo a ser um amante da teologia latino-americana e entro em contato com os teólogos latino-americanos, não por meio de livros e textos, como também pessoalmente, nos muitos encontros e reuniões na América Latina. Por ter sido Secretário Executivo da FTL-Brasil e Secretário Regional para o Brasil na Continental, tive o privilégio de participar do Comitê Diretivo. Na FTL entro com contato com os CLADEs (Congresso Latino Americano de Evangelização), participando pessoalmente nos CLADES III, IV e V. Na FTL aprendi a beber do próprio poço, de uma teologia para a vida e a serviço da missio Dei. Na presidência da mesma tenho tido o privilégio da comunhão com pessoas tão comprometidas, simples e apaixonadas.

O Fuller Theological Seminary

Em 1996 rumo para a cidade de Pasadena, Califórnia para fazer meus estudos de mestrado e doutorado. Viver como um estrangeiro é uma experiência enriquecedora. Viver em uma cultura que não a sua é vislumbrante. Foi nessa escola multi-cultural, com gente várias partes do mundo, como africanos, indianos, coreanos, latinos, americanos, etc que Deus começa a me converter a cultura do outro, assim como fez com Pedro. Vou estudar na Escola de Missões Mundial (hoje chamada de Estudos Interculturais) do Fuller. Ali tenho o privilégio de ser aluno de missionários, como o Dr. Paul Pierson, que foi missionário no Brasil por doze anos. Eu estudava conceitos missiológicos com professores práticos. Dr. Pierson foi meu mentor no mestrado. Sou um eterno devedor a esse homem, o qual denomino meu segundo pai, pelo carinho, apoio, investimento e cuidado. O Dr. Charles van Engen foi meu mentor no doutorado. Homem irradiante, alegre e vibrante, com uma capacidade integrativa enorme, contador de estórias, missiólogo afinado com seu tempo. Foi com ele que uma das minhas paixões temáticas direcionam minha vida: a missão urbana. Ele me desafiou a pensar a missio Dei a partir de Lucas-Atos. O resultado foi a tese de doutorado, cujo livro publicado no Brasil é De cidade em cidade. Quem passo pelo Fuller é não é impregnado de missão, então passou pelo Fuller, mas o Fuller não passou por ele. Para muitos o Fuller ficou conhecido por sua managerial missiology, focando o crescimento numérico da igreja, tendo Peter Wagner como expoente. Quem apenas vê isso não conhece nada dessa escola e nem de sua teologia. Se conhecemos uma árvore pelos seus frutos, então é hora de falar da Faculdade Teológica Sul Americana, minha paixão e onde minha peregrinação em missão toma mais forma.

Faculdade Teológica Sul Americana (FTSA)

Com o propósito de preparar vidas para servir o Reino de Deus é que surge a FTSA, em 1994. Uma escola interdenominacional, como o Fuller, que tem um olhar para além da formação para a denominação; é formação para missão. Entendemos que a formação teológica deveria ter sua razão de existir na missio Dei a partir das comunidades e instituições que estão a serviço do Reino. Nossa ênfase em uma missiologia pastoral e uma pastoral missiológica atrai vários estudantes do Brasil, da África, América Latina e alguns da Europa e Estados Unidos. A FTSA adota o Pacto de Lausanne em sua confissão de fé, assume o compromisso de fomentar e difundir a missão integral. Os estudantes são expostos a esse conceito que se desemboca na prática por meio dos muitos ministérios que eles criam em suas cidades, das igrejas que passam a pastorear e fundar. O corpo docente da FTSA é comprometido com a missão integral. Dessa forma, desejamos ver a renovação da igreja e da sua missão por meio da formação desses líderes que passam pela FTSA. Reconhecemos que somos um instrumento, dentre outros, promotores da missão integral no Brasil e América Latina. Não se trata aqui de presunção, mas vocação.

Conclusão

O único que pode nos convencer e converter para a missão é Deus, por meio do seu Espírito. Deus é Deus em missão, é o missional God, que por sua vez, quer uma igreja missional. Meu compromisso de vida, nessa peregrinação em missão, é fazer parte do movimento do amor de Deus para a humanidade. Nesse movimento o Espírito de Deus sempre esteve à frente e sempre estará. Quem ama a Deus, ama o que Ele ama – o mundo – o lócus da missão de todos nós. Quem se entrega a Deus, se entrega por aqueles que ele se entregou – o outro – o objeto da missão.

Sou um peregrino, um andarilho, um caminhante, não sem rumo e muito menos perdido. Meu caminho é caminho do Reino, e neste sou um discípulo de Cristo, que ama o Pai e sua missão. Guia-me Espírito Santo!

Escrito por Lindy Scott
CUBA USA

 

El día 17 de diciembre, 2014, los presidentes Raúl Castro (Cuba) y Barack Obama (Estados Unidos) comunicaron simultáneamente una decisión importante para los dos países. Anunciaron el inicio de un proceso de normalizar relaciones entre sus naciones. Este hito marca un cambio significativo para las Américas. Poco después del éxito de la revolución castrista en 1959, los Estados Unidos empezó a tomar acciones que lastimarían la economía cubana con el objetivo de tumbar el gobierno de Fidel Castro. En 1959 se iniciaron restricciones de comercio entre los Estados Unidos y Cuba, y un año más tarde, un boicoteo casi completo de exportaciones norteamericanas a la isla. En respuesta, Cuba desarrolló vínculos comerciales con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Así, los contornos de la Guerra Fría dominaron relaciones estadounidenses-cubanas por décadas, aunque se suavizaron un poco durante la presidencia de Jimmy Carter (1977-1981). Después de la caída de la Unión Soviética se esperaba que el fin de la Guerra Fría produciría un cambio en las relaciones entre los dos países. Lamentablemente, muy poco había tomado lugar en los últimos 25 años.

Muchas personas, dentro y fuera de los Estados Unidos, queríamos que Obama tomara iniciativas pro-activas para reanudar relaciones normales con Cuba al principio de su presidencia. Sin embargo, no fue hasta finales del sexto año de su gobierno que Obama, por fin, actuó. Algo sorprendente fue el papel del Papa Francisco. El Papa funcionó como intermediario entre Castro y Obama. Personalmente, me parece muy apropiada su intervención. La decisión es un paso adelante para los ciudadanos en ambos países. Políticamente, el Papa les ayuda a Castro y a Obama, elevando el apoyo de la población católica para sus respectivos gobiernos.

Aspectos de esta nueva normalización incluyen: (1) un levantamiento parcial de restricciones de visitas de ciudadanos entre ambos países; (2) un flujo más libre de remesas de cubano-americanos a sus parientes en la isla; (3) acceso bancario norteamericano a la economía cubana (por ejemplo, el uso de tarjetas de crédito norteamericanas en Cuba); (4) la re-apertura de embajadas en Habana y Washington, respectivamente; y (5) el intercambio de prisioneros políticos.

El impacto de esta decisión es todavía incierto, especialmente a largo plazo. Sin embargo, hay indicaciones de lo que sucederá en el futuro:

  • El nivel de vida material de los cubanos se mejorará en cuanto Cuba pueda adquirir medicamentos, alimentos y otros productos a mejores precios. También habrá más ingresos a causa del aumento en turismo y remesas. Sin embargo, este dinero no será compartido igualmente entre el pueblo cubano. Surgirán más diferencias de clase social.
  • Habrá más comunicación entre cubanos y el resto del mundo. Un problema potencial es que algunos cristianos ¨bien intencionados¨ de los Estados Unidos y de otros países lleguen a Cuba en grandes números para ¨ayudar¨ a la iglesia en Cuba. En mis visitas a la isla, he notado que muchos sectores de la iglesia cubana están experimentando un avivamiento genuino. Su caminar particular con Dios ha producido un fervor en la adoración y un entusiasmo en el compartir del evangelio. Por supuesto, la iglesia cubana tiene sus áreas fuertes y débiles, y va a necesitar el respaldo y las oraciones de los demás cristianos en el resto del mundo. Sin embargo, creyentes en otras partes del Cuerpo de Cristo también pueden aprender mucho de la fe y testimonio de la iglesia cubana.

Un nuevo amanecer ha surgido en nuestra América. Existen posibilidades de una mayor comunicación dentro del pueblo de Dios, especialmente para creyentes cubanos y estadounidenses. ¡Enfrentemos los cambios futuros con fe en nuestro gran Dios!

Samuel Escobar

Al cabo de una vida fecunda y un ministerio fructífero al servicio de Cristo falleció el miércoles 14 en la ciudad de Guatemala el Dr. Emilio Antonio Núñez. Conocido como teólogo y educador, Profesor y por varios años Rector del Seminario Teológico Centroamericano (SETECA), el Dr. Núñez había nacido en San Miguel, El Salvador, el 31 de mayo de 1923. Hay discípulos suyos esparcidos por toda América Latina como pastores o educadores teológicos y también como misioneros transculturales en varios continentes. Después de su preparación teológica en el Instituto Bíblico que luego llegó a ser el SETECA, entre 1956 y 1964 Núñez fue a estudiar en los Estados Unidos, y obtuvo su título universitario en la Southern Methodist University y luego su doctorado en el Dallas Theological Seminary.

Gozaba de aprecio y respeto en diversos sectores del protestantismo latinoamericano por sus convicciones evangélicas, su trabajo serio y metódico con el texto bíblico y la claridad de sus exposiciones y escritos. Además de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, instituciones evangélicas como Visión Mundial Internacional, las Sociedades Bíblicas Unidas y la Alianza Evangélica Mundial lo invitaron a formar parte de sus directivas y se beneficiaron de su consejo, siempre prudente y acertado.

Tuve el privilegio de conocer a Emilio Antonio en el año 1969, en Bogotá, Colombia, durante el Primer Congreso Latinoamericano de Evangelización (CLADE I). Su ponencia interpretando los cambios en el Catolicismo Romano luego del Concilio Vaticano II fue un trabajo muy bien informado y crítico al mismo tiempo. Al año siguiente debatimos con entusiasmo y pasión en las inolvidables jornadas de la fundación de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) en Cochabamba, Bolivia. Desde entonces trabajamos juntos para emprender y fomentar una reflexión teológica que fuese al mismo tiempo fundamentada en la Palabra de Dios y pertinente al contexto latinoamericano, dentro y fuera de las iglesias evangélicas.

El fruto de esa reflexión inicial puede verse en los primeros libros publicados por la FTL como El debate contemporáneo sobre la Biblia (1972) [1] y El Reino de Dios y América Latina (1975) [2] . En este último, se encuentra un aporte valioso del Dr. Núñez que refleja sus particulares convicciones de ese momento en cuanto al Reino de Dios en perspectiva dispensacionalista, contrastadas con la perspectiva reformada clásica articulada por René Padilla. Tanto Padilla como Núñez aceptaban esta diversidad de perspectivas teológicas dentro de un marco común de aceptación de la autoridad de la Biblia y el sentido de obligación misionera que caracteriza a la FTL. Era un esfuerzo comunitario por articular una comprensión de la verdad bíblica, en relación con la aguda problemática social y política que las iglesias confrontaban en esos días en tierras latinoamericanos. Diálogo y debate, agudos a veces, no eran ajenos a esta forma de quehacer teológico.

En la década de 1970 y siguientes surgieron las teologías de la liberación que se convirtieron en un desafío para quienes estaban embarcados en la reflexión teológica, en particular para los evangélicos. Uno de los libros más conocidos de Núñez es Teología de la liberación. Una perspectiva evangélica (1986) [3] que fue publicado también en inglés y coreano. Se trata de un estudio crítico en el cual, sin embargo, Núñez examinó de manera honesta y exhaustiva las fuentes principales de esa corriente teológica y las expuso críticamente desde lo que llamaba una postura evangélica conservadora. Pero su libro no se limita a criticar sino que es al mismo tiempo una articulación clara y didáctica de una teología evangélica para la actualidad.

Como otros evangélicos latinoamericanos Núñez dio la bienvenida al renacer de los estudios bíblicos en el seno del Catolicismo. En su ponencia del CLADE I en Bogotá había dicho: “De todos los cambios en el catolicismo posconciliar no hay otro más prometedor de mejores cosas en la vida de miles de católicos que el relacionado con la nueva actitud de la Iglesia Romana hacia las Sagradas Escrituras. Debemos confiar en el poder redentor de la revelación escrita.’La fe por el oír y el oír por la Palabra de Dios´(Romanos 10: 17)” [4]. En 1973 viajó a España para estudiar en una institución católica, la Facultad de Filosofía y Teología en San Cugat del Vallés, Barcelona.

A manera de ejemplo de su razonamiento y su estilo hago aquí referencia a un tema que he estudiado con detenimiento [5]. En el capítulo VIII de su libro Núñez expone la Cristología de las teologías de la liberación y dice: “Los teólogos de la liberación citados en este trabajo se hallan en profunda discrepancia con los evangélicos conservadores en doctrinas que son fundamentales para la fe cristiana…La teología de la liberación aquí estudiada cuestiona no solamente la manera en que la iglesia posapostólica formuló su credo cristológico. Pone en duda la autenticidad de varias porciones del Nuevo Testamento y prefiere interpretar la cristología bíblica en términos de una evolución teológica. Esto significa que la cristología neotestamentaria es en gran parte el producto de la reflexión de los primeros cristianos después de la resurrección de su Maestro. Es una cristología de creación humana más que de revelación divina. No se le da la debida importancia a la inspiración y autoridad divina de las Escrituras.”

Sin embargo la vocación docente y profética de Núñez lo lleva también a plantear una reflexión autocrítica como evangélico latinoamericano: “En cierto modo este nuevo énfasis en la humanidad de Cristo es una reacción a la falta de equilibrio en una cristología que magnifica la deidad del Verbo encarnado, a expensas de su humanidad”. Núñez describe la forma en que los evangélicos latinoamericanos recibieron una cristología anglosajona que era el resultado de los debates entre Fundamentalismo y Modernismo en Norteamérica: “Necesariamente lo que se acentuó en la cristología evangélica conservadora fue la deidad del Verbo, sin negar su humanidad. Se nos presentó un Cristo divino-humano en las fórmulas teológicas; pero en la práctica Él se hallaba lejos de la escena de este mundo, sin interferir en nuestros problemas sociales…El Cristo que se nos anunció a muchos de nosotros cristianos evangélicos, daba la impresión de estar confinado en las alturas celestiales, desde donde trataba con cada uno de nosotros como individuos, preparándonos para nuestro traslado a la gloria y prometiéndonos que Él regresaría al mundo a solucionar todos los problemas de la humanidad” [6].

Núñez insiste en que no podemos eludir el desafío de las teologías de la liberación y que no podemos “darnos el lujo de menospreciarlo”. Hay una nueva agenda teológica a la cual él da la bienvenida:”Ya tenemos signos de este despertar cristológico en la comunidad evangélica latinoamericana. Todo parece indicar que después de la teología de la liberación nuestra cristología no podrá ser idéntica, en su énfasis, a la que era hasta cierto punto un producto de la reacción evangélica al liberalismo protestante del siglo décimonono. Sin aislarnos de nuestro contexto vital, nos toca seguir estudiando diligentemente las Sagradas Escrituras porque son ellas las que dan el testimonio fundamental y auténtico de la persona y obra del Hijo de Dios” [7].

Las cualidades del estilo y la reflexión de Núñez se pueden apreciar en sus libros más recientes. A pedido de COMIBAM Internacional escribió un trabajo sistemático sobre teología de la misión cristiana: Hacia una misionología evangélica latinoamericana (1997) [8] , volumen de 316 páginas que expone las bases bíblicas de la misión en el Antiguo Testamento. Lamentablemente no llegó a escribir otro tomo semejante sobre el Nuevo Testamento, para lo cual sin duda estaba muy bien capacitado.

Por otra parte, durante un acto público realizado el 8 de octubre del año 2000 en Guatemala doce pastores pentecostales fueron “reconocidos” como apóstoles. Ante el impacto de ese hecho y su reproducción en otros países y ambientes, Núñez vio la urgencia de proveer orientación sobre el tema. Los trabajos reunidos en su libro El movimiento apostólico contemporáneo (2004) [9] reflejan su permanente vocación docente y pastoral y su preocupación por el “pueblo evangélico” que había crecido notablemente en algunos países centroamericanos. El libro examina el movimiento pentecostal, describe el movimiento “apostólico” que está surgiendo y ofrece una exposición del concepto bíblico de “apóstol”.

La gratitud de varias generaciones de evangélicos hacia Núñez puede comprobarse en dos libros que se le dedicaron como homenaje. Un número especial de la revista Kairós, publicada por el SETECA en Diciembre de 1994 [10], y diez años después el libro Teología evangélica para el contexto latinoamericano (2004) [11] , editado por Oscar Campos, con aportes de catorce teólogos evangélicos. Viajando por las Américas y España me he encontrado en los lugares más diversos con personas que expresan su sentido de gratitud profunda por el impacto que tuvo Emilio Antonio Núñez en sus vidas. Soli Deo Gloria.

Emilio A. Nùñez

——————————

[1] Peter Savage, Ed. El debate contemporáneo sobre la Biblia, Ediciones Evangélicas Europeas, Barcelona, 1972.
[2] René Padilla, Ed. El reino de Dios y América Latina, Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, 1975.
[3] Emilio A. Núñez, Teología de la liberación. Una perspectiva evangélica,Ed. Caribe, Miami, 1986.
[4] “Posición de la iglesia frente al aggiornamento”, Acción en Cristo para un continente en crisis, Ed. Caribe, San José, 1970; p. 40.
[5] Ver mi libro En busca de Cristo en América Latina, Kairós, Buenos Aires, 2012.
[6] Ibid., p. 223.
[7] Ibid.
[8] Emilio A. Núñez, Hacia una misionología evangélica latinoamericana, COMIBAM-Unilit, Miami, 1997.
[9] Emilio Antonio Núñez, El movimiento apostólico contemporáneo, Mar-Lor, Guatemala 2001, 2004.
[10] Kairós, Num 14-15, Enero-Diciembre 1994.
[11] Oscar Campos, Ed. Teología evangélica para el contexto latinoamericano, Kairós, Buenos Aires,2004.

El pasado miércoles 14 de enero de 2015 partió con el Señor nuestro querido hermano Dr. Emilio Antonio Núñez. En vida fue fundador del Seminario Teológico Centroamericano, maestro de distintas generaciones y su primer rector magnífico. Fue una noticia triste y dolorosa para todos aquellos que lo conocimos y amamos. Es una pérdida sensible para el pueblo de Dios en América Latina de quien supo ganarse su respeto, su reconocimiento y admiración por la calidad de su persona como fiel discípulo de Jesucristo, por su compromiso con la palabra, el quehacer teológico, pastoral, misiológico, y por su amistad en el caminar de la vida y el ministerio. Agradezco a nuestro amigo y colega Marcelo Vargas Secretario General de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), por darme el privilegio de escribir este testimonio homenaje para honrar al Dr. Núñez quien fue uno de sus fundadores y miembro del Comité Ejecutivo. Escribo estas líneas como uno entre muchos de sus discípulos quienes fuimos formados en distintas etapas de la vida. Conocí al Dr. Núñez en 1974 en el Seminario Teológico Centroamericano. En esa ocasión tuve una conversación con él que fue clave para confirmar el llamado para estudiar teología. A partir de esa ocasión comenzó una relación fraternal maestro-alumno que luego se tornó en una relación de maestro-discípulo. El siguiente artículo subraya especialmente su persona como maestro, teólogo, misionólogo y el amigo pastor. Otros colegas han escrito trabajos que profundizan el aporte teológico desde distintos enfoques. Su ejemplo y legado serán de inspiración para las generaciones presentes y futuras de América Latina. No dudamos que habría mucho que escribir sobre su rol de esposo fiel, padre amoroso y excepcional abuelo, pero serán otros que tendrán mucho que compartir al respecto.

El maestro: Algo que caracterizó su perfil de maestro fue su compañerismo abierto hacia los estudiantes. Fuimos sujetos no objetos de su quehacer pedagógico. La clase fue un espacio no sólo para aprender, sino para entablar diálogos abiertos sobre las materias compartidas. Su seria formación académica no fue una barrera para conversar con los novicios de la clase que apenas balbuceaban los temas teológicos del momento. Por otro lado, fuimos sorprendidos al notar que su compromiso con las raíces teológicas de su denominación no lo ataron para no abrir su mente para escuchar a otros teólogos o corrientes teológicas. Más bien, se mantuvo dispuesto para aprender nuevos enfoques que enriquecieron su visión de la misión y su acervo teológico. Su apertura al mundo evangélico y otras corrientes de pensamiento teológico, fueron una ventana que nos ayudó a pensar más allá de las paredes denominacionales. De igual modo, como maestro nos mostró e inculcó un profundo respeto por la autoridad de las Escrituras, y nos motivó a estudiarla con respeto y seriedad. En ese caminar como un maestro proactivo nos ayudó a generar un pensamiento teológico propio sustentado en las Escrituras para responder a los desafíos de la misión. De esa manera algunos comenzamos a conectar la palabra con los problemas de la realidad latinoamericana. Del intercambio teológico en sus clases surgió la idea de impulsar la reflexión teológica entre los mismos estudiantes a través de la directiva estudiantil. Temas como la justicia, la pobreza o la reconciliación fueron un desafío para la formación de esa generación de seminaristas. De las reflexiones de las clases y del compartir personal con el Dr. Núñez surgió el título de mi tesis sobre “La responsabilidad social de la iglesia en el Nuevo Testamento”. Luego vendría una serie de trabajos y estudios teológicos que asumí en épocas distintas como resultado del estímulo que recibí de su persona. Como todo buen maestro siempre creyó en sus alumnos, y los animó a pensar de manera crítica su fe y de manera propositiva la misión de la iglesia.

Por otro lado, el rigor académico del Dr. Núñez en la enseñanza de la palabra de Dios y el quehacer teológico, le valió para ser invitado para impartir clases y conferencias como profesor visitante en seminarios, congresos y entidades cristianas dentro y fuera de América Latina. Su celo por el estudio serio de la palabra y difusión del evangelio fueron más allá de las aulas del seminario. Su interés por la difusión y comprensión de las Escrituras fue razón fundamental para contribuir con el Comité de Traducción Bíblica que produjo la Nueva Versión Internacional de la Biblia. En su caminar de la docencia y la investigación teológica, dictó distintas ponencias que luego se tradujeron en libros sobre temas de suma importancia para la comprensión del cristianismo, la iglesia y la misión desde América Latina. Escribió una serie de ponencias en revistas teológicas como El Boletín Teológico de la Fraternidad teológica, la Revista Misión, la revista Kairos del SETECA, la serie Reflexiones de la Facultad de Teología de la Universidad Mariano Gálvez. Sus ideales, esperanzas y desesperanzas fueron plasmadas en libros como Crisis and Hope in Latin America (Crisis y esperanza en América Latina) que escribió junto con William Taylor profesor colega del Seminario Teológico Centroamericano.

El teólogo: Su interés por el quehacer teológico fue una pasión y constante en su vida. Siempre estaba a la expectativa de la realidad para responder a los desafíos de la misión. Su trabajo de reflexión teológica lo hizo desde el texto bíblico. Su respeto y sometimiento a las Escrituras fueron una demanda irrenunciable para él como para sus estudiantes y colegas. Por supuesto, no fue una lectura ni literal ni acomodada a los lentes de su denominación sin dejar de ser fiel a sus principios doctrinarios. De hecho, para algunos colegas de su Misión su discurso teológico sonaba liberal y en contextos liberales sonaba conservador. No fue una neutralidad axiológica, sino un compromiso definido con la vida y ética del Reino de Dios. Por otro lado, hizo su quehacer teológico en diálogo con el contexto latinoamericano. Fue diligente para hacer que la Biblia respondiera a la realidad sin comprometerla. En ese caminar teológico se atrevió a pensar fuera de los esquemas teológicos establecidos en el mundo evangélico conservador. Sus artículos “El Cristo de Hispanoamérica”, “El reino de Dios y América Latina”, “La herencia protestante”, “Conciencia e identidad evangélica y la renovación católica”, muestran desde muy temprano sus virtudes de teólogo. Luego de sus estudios de posgrado en España escribió los libros Caminos de Renovación (1975) y Constantes en la Esperanza (1976).

Su apertura al mundo evangélico le abrió puertas para conocer a teólogos como René Padilla, Samuel Escobar, Ismael Amaya, Orlando Costas, Pedro Arana y otros más. Junto a estos estimados colegas fundó la Fraternidad Teológica Latinoamericana en 1970. Su presencia y trabajos en el surgimiento y desarrollo de la Fraternidad fueron un aporte importante en el despertar de una teología integral que respondió de manera fiel a las Escrituras y al contexto de América Latina. A la vez que aportó a favor de su causa, reconoció la influencia y aporte que recibió de sus colegas de la FTL. Amplió su visión de la iglesia evangélica, la realidad del continente y le abrió nuevos horizontes teológicos. Hizo suyos la misión y objetivos de la FTL, participando en distintos encuentros y foros organizados por la Fraternidad, escribiendo y motivando a otros a reflexionar con seriedad y pertinencia acerca de la iglesia y su misión desde América Latina. En los 80 junto con mis colegas David Suazo y Guillermo Méndez estimulados por el Dr. Núñez fundamos el núcleo local de la FTL en Guatemala el cual coordiné por varios años. Un detalle muy especial para mí fue el haberme motivado a participar del Encuentro de teólogos del tercer mundo en México a finales de los 80. Sobre todo, porque era un total amanuense respecto al quehacer teológico. Su contagio por la teología nos motivó a muchos a involucrarnos en el quehacer teológico a pesar de nuestras carencias. Años después tuve el privilegio de servir como secretario regional de la FTL en Centroamérica y luego como presidente de la Directiva Continental la cual tuvo el privilegio de organizar el IV Congreso de Evangelización en Quito Ecuador en el 2000.

Entre la tarea docente, pastoral y teológica, ocupó la rectoría del Seminario Teológico Centroamericano. Su presencia y labor docente estimuló una educación teológica que estuviese abierta a las nuevas ideas a fin de hacer relevante el quehacer teológico. Fue una ardua y loable tarea porque tuvo que hacer teología dentro del contexto de la guerra fría la cual llevó a muchos cristianos a polarizaciones ideológicas. Desarrolló en este contexto una teología a partir de la realidad sin comprometer la palabra con ningún sistema ideológico político. Fue fiel a la autoridad y normatividad de las Escrituras, y su reflexión teológica y análisis de la pobreza surgió del contexto de su trasfondo familiar. No partió sólo de la cátedra, sino de la vivencia de esa realidad. Parafraseando a Mackay podemos afirmar que su quehacer teológico fue gestado en el camino. Su pensamiento y teología surgieron a partir de la comunidad eclesial, del diálogo con la realidad histórica y de su compromiso con la misión de la iglesia. Nació de una reflexión seria y crítica de las Escrituras y de su fe, de las necesidades del pueblo de Dios y de los desafíos de la época. Núñez hizo y forjó su reflexión teológica desde el camino. No fue producto de la erudición libresca del teólogo de balcón. De ahí que subrayó que “la educación teológica no es simplemente un ejercicio académico para acrecentar el caudal de conocimientos y producir una teología abstracta, desligada del quehacer misionero de la iglesia”. Para Núñez esa educación tenía que responder a la realidad. Su libro Teología de la liberación (1986) es un claro ejemplo de este esfuerzo. Analizó e interpretó esta corriente teológica y sus desafíos, y, a la vez, reconoció los aportes de este esfuerzo teológico, trazó pautas para desarrollar una teología autóctona, y motivó a muchos a plantear una teología evangélica a partir de las Escrituras y del contexto, a fin de enfrentar los retos de la misión de la iglesia en la convulsionada América Latina de ese entonces. De igual modo, enfrentó desafíos que afectaban el interior del mundo evangélico. En el contexto del surgimiento de nuevas corrientes teológicas dentro del círculo neopentecostal, escribió el libro El movimiento apostólico contemporáneo (2004). En este libro aborda desde una perspectiva histórica y bíblica su significado y las implicaciones que se desprenden de este fenómeno religioso.

El misionólogo. Su quehacer teológico no se quedó atrapado en la teología sistemática o en la reflexión teológica de la cátedra. Más bien su conocimiento de Dios y sus planes de redención, apasionaron su vida para pensar en el ser y quehacer de la iglesia y su misión en el mundo. Su anhelo por integrar la teología con la vida le llevó a plantear distintos acercamientos que confluyeron en una perspectiva integral de la misión de la iglesia. De esa manera expuso sus ideas en foros de carácter nacional e internacional. Por ejemplo, sus conferencias “Hacia una teología Evangélica” (Encuentro de Teólogos del Tercer Mundo, Seul Corea, 1982), o “Bases bíblicas y teológicas de la misión”. (2ª Conferencia Misionera Seminario Teológico Centroamericano, Guatemala), dejan ver su interés por una teología en consonancia con los desafíos de la misión. Sobre todo, esa reflexión misionológica abrió brecha en un contexto evangélico cuyo enfoque era esencialmente el “salvar almas” o el subrayar la “dimensión espiritual del evangelio”. Esa dicotomía dualista del evangelio o la persona humana de las iglesias de la época, no fueron impedimento para pensar en la integralidad de la persona y la misión de la iglesia. En ese devenir no sólo planteó la necesidad de impulsar la misión integral de la iglesia, sino replantear lo que significaba ser iglesia. Sobre todo ante un sobre énfasis en el crecimiento numérico que descuidó la naturaleza del ser iglesia. Es una situación con la cual seguimos luchando en la actualidad. Especialmente ante aquellos líderes que ven a la iglesia desde un enfoque empresarial. Núñez en su trabajo “Qué iglesia queremos que crezca” planteó la necesidad de promover el crecimiento integral de una iglesia saludable y en misión: una eclesiología que responde a la naturaleza de ser iglesia como comunidad del reino según el Nuevo Testamento. Desarrolló una eclesiología que no la dejó atrapada en las cuatro paredes del templo, sino la sacó para hacer misión en el mundo. Su pasión por la proclamación del evangelio lo llevó también a reflexionar sobre el desafío misionero transcultural de la iglesia. En sus distintas reflexiones sobre la misión mundial afirmó la necesidad de llevar el evangelio a otros contextos, y subrayó que esa misionología debería ir más allá de los modelos tradicionales de hacer misión desde el norte. Aportó estas ideas en foros como la Alianza Evangélica Mundial (WEF), La Cooperación Misionera Iberoamericana (COMIBAM), el Movimiento de Lausana, la Confraternidad Evangélica Latinoamericana (CONELA) y otros más.

Por otro lado, su conciencia y compromiso misionológico integral le llevó a cooperar con varias entidades cristianas de desarrollo dentro y fuera de Guatemala. Entre estas entidades estaba Visión Mundial de Guatemala de la cual fue miembro del Consejo Consultivo y Asamblea General. A partir de 1985 tuve el privilegio de ser invitado a formar parte de ese consejo, y de cooperar junto a Núñez a favor de la niñez por varios años. En ese interactuar con miembros del Consejo conocí al Dr. Mamfred Grellert quien era el vicepresidente de Visión Mundial Internacional para América Latina y el Caribe. Conociendo del trabajo teológico del Dr. Núñez y de mi cercanía a su persona, me animó a rastrear sus manuscritos relacionados con la teología y el contexto latinoamericano, a fin de editarlos en un libro con el apoyo de Visión Mundial. Así que luego conversar con el Dr. Núñez, con la amabilidad del caso autorizó hurgar entre sus archivos trabajos no editados y otros más para publicarnos de nuevo. De esta iniciativa surgió el libro Teología y Misión: Perspectiva desde América Latina (1996), el cual tuve el privilegio de ser el editor. En su caminar de la misión y la teología, Núñez procuró desarrollar una educación y teología bíblica, práctica, comunitaria, misionera y contextual. En este libro registra algunos lineamientos para impulsar un quehacer teológico bíblico, integral y contextual: 1) Toda teología debe sustentarse en las Escrituras y someterse a su juicio final. 2) La educación y la teología deben ejercitarse en la faena diaria de la vida y producir vida. El ser y quehacer teológico no deben quedarse en elucubraciones y verdades abstractas, ajenos a la realidad. 3) No debe existir un divorcio entre la teología y la acción pastoral, entre la reflexión y la acción. 4) La teología bíblica tiene que ser misionera. Toda reflexión sobre el evangelio debe ser acompañada de un impulso misionero. 5) Ninguna teología se hace ni se comunica en un vacío cultural y social. Texto y contexto cultural deben ir juntos para entender y aplicar la Palabra. Con estas premisas escribió temas relacionados con la educación teológica, y animó a los estudiantes y colegas a pensar en una teología a partir de la realidad en América Latina.

El amigo y pastor. El Dr. Núñez no sólo reflexionó sobre la iglesia sino encarnó la vida de la iglesia asumiendo distintos ministerios para servirla. Vivió la experiencia de fundar varias entidades cristianas como el Colegio Francisco G. Penzotti. De igual modo, se atrevió a fundar una iglesia local, caminar a la par del liderazgo y aprender de ellos. Junto a otros colegas y nuestras esposas fuimos cofundadores con Núñez de una iglesia local en la ciudad de Guatemala en 1986. Para Núñez no era posible hablar de la iglesia a menos que se esté inmerso en ella y se luche a brazo partido con el pueblo de Dios. Se hace teología de la iglesia desde adentro. El teólogo fue también un amigo y hermano apreciado por muchos. Brindó con humildad su amistad a sus estudiantes, colegas pastores, líderes denominaciones y colegas de la misión. Sus títulos y triunfos alcanzados no fueron una excusa para mirar al hermano por debajo del hombro. Esa actitud fue parte fundamental en su vida en la cual no ocultó sus carencias, sus limitaciones pastorales o sus decepciones ante situaciones que afectaban la vida de la iglesia. Su vida de sencillez y su amistad nos contagió y bendijo a muchos. Como lo hizo con tantos estudiantes, nos brindó a mi esposa Lily y a nuestros hijos su amistad, apoyo y mentoría. Predicó en nuestra boda, dedicó al Señor a nuestros hijos Emily, Israel Jr. y Alex, nos abrió su casa y su biblioteca, nos compartió sus conocimientos y nos acompañó en decisiones claves del ministerio. En el 2009 tuvimos el privilegio de escuchar de sus labios la conferencia inaugural “Bases bíblicas de la misión integral” en la 1ª Consulta que el Señor nos permitió realizar con la Fundación Centro Esdras la cual fundamos junto a mi esposa Lily Escobar y otros estimados colegas en la ciudad de Guatemala. Su vida fue una vida productiva para el Reino de Dios hasta el final de sus días. En el servicio de celebración por sus 90 años de vida en el Seminario Teológico Centroamericano se presentó su último libro, Vida y obra de Emilio Antonio Núñez (2013). Así que al celebrar la vida y recordar sus buenas obras, exaltamos y bendecimos al Señor Jesucristo por habernos regalado en el Dr. Núñez un querido amigo, un hermano, un maestro, un teólogo, un misionólogo y un pastor de corazón. Como acostumbraba hacer, rendimos la gloria y la honra al Señor por su vida y ministerio. Con el apóstol Pablo afirmamos: “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Ro.11:36).

Guatemala enero 21 del 2015

Dr. Israel Ortiz

Director y fundador

Logo centro Esdras

Israel Ortiz

*Ejercicio lírico escrito por Emilio Antonio Núñez para la apertura del CLADE II, llevado a cabo en Lima.

 

Pero ¿cuál Cristo? Definitivamente no se trata aquí del Cristo de los dogmas, de hechura puramente humana, ni del Cristo de la imaginería antigua y moderna, ni del Cristo del folklore latinoamericano, ni del Cristo superstar de las sociedades opulentas del noratlántico, ni del Cristo de los poderosos económico-sociales en nuestro continente, ni del Cristo de los ideólogos de última hora; sino de aquél que es revelado en las Escrituras; el Cristo redescubierto por muchas almas piadosas en los días más oscuros del Medioevo y en los mejores tiempos de la reforma protestante; el Cristo que nos ha encontrado y hemos encontrado por la gracia de Dios miles y millones de latinoamericanos.

¡Cristo Dios! Él es el logos eterno, miembro del concilio trinitario, asociado eternamente con el Padre y con el Espíritu; creador y sustentador de los cielos y la tierra; Señor de la vida y de la historia; Rey, ahora y siempre; Admirable Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz, cuyas salidas son desde los días de la eternidad; Alfa y Omega, principio y fin, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso Señor.

¡Cristo histórico! ¡Manifestado en el tiempo y en el espacio, en la fecha precisa del calendario de Dios, en el devenir de la historia humana, en el contexto de una geografía, de un pueblo, de una cultura, de una sociedad!

¡Cristo humano! Engendrado por el Espíritu, concebido por la virgen María, participante de carne y sangre, «hecho carne», identificado plenamente con la humanidad. Cristo hombre total y hombre para todos los demás, que vive entre los hombres «lleno de gracia y verdad» (Jn. 1.14).

!Cristo pobre! Nacido en un establo, avecindado en una aldea, conocido como «el carpintero», hijo de un carpintero. ¡Cristo proletario, el de las manos encallecidas en el rudo trabajo, el de la frente sudorosa en la diaria labor! Nació, vivió y murió en profunda pobreza, como los pobres de su pueblo. Sin embargo no utilizó el resentimiento social de sus contemporáneos para ahondar el abismo entre hombre y hombre, entre clase y clase o entre pueblo y pueblo. No pidió a los suyos que levantasen la bandera del odio y la venganza. Antes bien, habló del perdón y la fraternidad. Pero se entregó a sí mismo en sacrificio cruento para deshacer en su cruz las enemistades y derribar el muro que separaba a un ser humano de otro ser humano. Además, su presencia es inevitablemente un signo de contradicción para los que oprimen al pueblo y viven de espaldas a la miseria humana.

¡Cristo profeta! Heraldo de Dios el Padre, intérprete de la Deidad, revelador de la voluntad divina para su pueblo y para toda la humanidad. Su verbo encendido en fuego del cielo es consolación y esperanza para los de corazón humilde, y advertencia de juicio ineludible para los hacedores de iniquidad.

¡Cristo Cordero de Dios! El que quita el pecado del mundo; el de la entrega total en el Calvario para nuestra redención; el de la sangre preciosa que nos limpia de toda maldad.

¡Cristo viviente! Destruye por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte y triunfa sobre el sepulcro en el día glorioso de su resurrección.

¡Cristo sacerdote! El que está sentado a la diestra de la Majestad en las alturas y «puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (He 7.25)

¡Cristo Rey venidero! Glorificador de su Iglesia, Juez de vivos y muertos
«en su manifestación y en su reino» (2 Tim 4.1). Mesías anhelado para bendición de todos los pueblos, Rey de reyes y Señor de señores. Cristo el de la renovación total. 1

 

 

Emilio A. Nuñez

 

 

1 El Compendio del Congreso está en CLADE II, América Latina y la evangelización en los años 80, FTL, México, 1979.

Jorge Henrique Barro

 

“Marc Augé (Poitiers, 1935) é um etnólogo francês. Marc Augé é coordenador de pesquisas na Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales (EHESS), que ele presidiu entre 1985 e 1995. Augé criou um importante conceito para a Sociologia, o não-lugar. O não-lugar é diametralmente oposto ao lar, à residência, ao espaço personalizado. É representado pelos espaços públicos de rápida circulação, como aeroportos, rodoviárias, estações de metro, pelos meios de transporte, pelas grandes cadeias de hotéis e supermercados”*

É comum ouvir que se alguém deseja matar a missão, construa templos. De fato, temos alguns exemplos no Brasil de igrejas que abriram mão dos seus templos tradicionais e se estabeleceram em outros lugares dando uma “cara” mais de peregrina (tendas, hotéis, escolas). É a igreja que define a missão ou a missão que define a igreja? Os templos hoje, em sua vasta maioria, estão a serviço da missão ou a missão está a serviço dos templos? A ênfase maior hoje é centrípeta (de fora para dentro) ou centrífuga (de dentro para fora)? Espera-se que a igreja vá até as pessoas ou que as pessoas venham para a igreja? As respostas para essas perguntas passam pelo entendimento do papel/função do templo.

Usando a linguagem de Marc Augé, lugar está relacionado com três dimensões: são identitários, históricos e relacionais. Diferentemente dos não-lugares, são caminhos e não estradas. Os lugares implicam em ambientes de pertencimento enquanto que os não-lugares são espaços de acesso, de movimento, trânsito, passagem, como os aeroportos, bancos, shoppings e supermercados. Nestes, a pessoa é cliente-consumista-passageiro-ouvinte, numa relação individual. Marc Augé fala do lugar antropológico simbólico marcado pela identidade (sua pessoalidade), a relação (seu grupo social) e a história comum (seu destino). Assim, o não-lugar caracteriza-se pela ausência desses símbolos. Negar o lugar é negar esses símbolos.

Pensando nos dias atuais e nos templos urbanos, como poderíamos caracterizar esse espaço? Ao longo dos séculos, a igreja de Cristo sempre foi caracterizada por sua ênfase pessoal, comunitária e missionária. Ou seja, sua identidade está voltada para a pessoa, sua relação ao próximo e sua história pelo compromisso com a missão no mundo. Nos dias atuais muitos pastores e líderes estão enfatizando uma relação não mais de membro, mas cliente; não mais de serviço, mas de consumo; não mais não mais de missão, mas de prosperidade; não mais de corpo de Cristo, mas de indivíduos sedentos de bênção. Essas inversões simbólicas podem acelerar o processo para transformar a igreja de lugar para não-lugar! A igreja não-lugar deixa de ser um caminho para se transformar em uma autopista de indivíduos que querem saem de um ponto-para-o-outro. Corre o risco de se tornar num espaço de passagem, impessoal, individual, marketera, vendedora de bens e consumos espirituais. Que diferença faz para uma pessoa entrar em uma igreja e entrar supermercado, se ambos são clientes?

É notório que os templos estão se modernizando, remodelando, outros com novas fachadas, enquanto que outros já são construídos com novas caras e alta tecnologia. Quanto mais luxuosos e requintados eles se transformam, tanto mais proibições e regras aparecerão quanto o seu uso. Alguns pensam mais no templo para se fazer casamentos, grandes celebrações e pouco se pensa nos pobres, destituídos e miseráveis. Quão fácil é deturparmos os propósitos de Deus para nossos templos: “A minha casa será chamada casa de oração para todos os povos. Mas vocês fizeram dela um covil de ladrões” (Mc 11:17). De casa de oração para casa de malandros – que tragédia! E como tem ladrões e mercadores eclesiásticos hoje em dia. Qual a finalidade de um templo, bem no meio da cidade, existir? A missão força o templo abrir suas portas. A omissão força fechá-las. Jesus o tempo todo tentou mostrou aos seus discípulos as pessoas e suas necessidades, mas, certa vez, quando ele tinha “saído do templo, ia-se retirando, quando se aproximaram dele os seus discípulos para lhe mostrar o templo” (Mt 24:1). Aquilo que os fazia ficar admirados, em breve “não ficaria pedra sobre pedra” (Mt 24:2). “Destruí este santuário, e em três dias o reconstruirei” (Jo 2:19). Um novo templo estava emergindo na cidade: o “santuário do seu próprio corpo” (Jo 2:21). A missão saiu de uma geografia estática para vidas dinâmicas. Será que como os Coríntios, nos esquecemos ou ainda não nos conscientizamos que somos “santuário [templo] de Deus e que o Espírito de Deus habita em nós? Se alguém destruir o santuário de Deus, Deus o destruirá; pois o santuário de Deus, que somos nós, é sagrado” (1 Co 3:16-17). Por isso quando o Espírito Santo desce ele enche de poder esse novo santuário sagrado – nós! O templo se fez povo! Esse é templo que o mundo urbano precisa ver e admirar – as pedras vivas (1 Pd 2:5). E é melhor nos acostumarmos porque no city tour que João fez a Nova Jerusalém, ela relata: “Não vi templo algum na cidade, pois o Senhor Deus todo-poderoso e o Cordeiro são o seu templo” (Ap 21:22). Se somos um santuário sagrado bem no meio da cidade e para a cidade, certamente seremos sempre ambiente para que a graça e o amor de Deus possam ser manifestados.

templo
* http://pt.wikipedia.org/wiki/Marc_Aug%C3%A9