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El encuentro de Memoria Indígena, titulado ¿Quién hace la historia?: Espiritualidad e identidad indígena de la misión, tomó lugar en Lima, Perú, del 11-13 de septiembre, 2015. Nos reunimos 30 personas de 11 países, representando a 12 grupos étnicos indígenas, además de otras personas de
no-indígenas, para escucharnos, aprender y compartir.

Queremos agradecer especialmente a los que hicieron el esfuerzo para que realizáramos este evento: Paz y Esperanza Internacional, el Instituto Lingüístico del Verano Perú (ILV), el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA), y la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), además, de muchos donantes individuales de iglesias norteamericanas. Gracias también a todos y todas las participantes quienes hablaron y compartieron sus vidas, pensamientos, y pasiones.

Pasamos tres días enfocándonos en tres temas claves para la iglesia indígena: Identidad, Historia, y Misión, con un enfoque global de que las iglesias indígenas en Latinoamérica deben compartir sus historias para poder consolidar y enriquecer sus propias identidades, formar sus relaciones con las iglesias no-indígenas y su misión, y enriquecer toda la iglesia mundial.

Aquí está un resumen de lo que se ha dicho en los tres días:

IDENTIDAD

  1. Dios siempre ha estado presente entre los pueblos y se ha manifestado a través de nuestras culturas y tradiciones desde antes de la llegada de los misioneros que nos trajeron el evangelio de Jesús. Al comprender esto, debe cambiar las formas y maneras que usamos para acercarnos a nuestros pueblos con la Biblia y el evangelio. Necesitamos una hermenéutica contextualizada y una educación cristiana que incorpore a nuestras propias historias y culturas y debemos seguir trabajando por una iglesia que reconozca la importancia del idioma, la organización y el pensamiento de cada pueblo indígena.
  2. Cada cultura es una parte importante de la creación de Dios y por lo tanto son portadores de verdades y principios dignificantes. Sin embargo, como cristianos y cristianas afirmamos que existen valores morales importantes y que el evangelio, además de redimir y afirmar nuestras culturas, la transforma cuando buscamos vivir en los valores del Reino de Dios. El evangelio de corazón permite escudriñar, juzgar y retener lo bueno, sin lastimar nuestra identidad étnica. De manera que, con la ayuda del Espíritu Santo podemos saber con qué aspecto de la cultura se dignifica al prójimo, el ser indígena y sobre todo a Dios. Es necesario entonces que la iglesia reconozca que la comunidad local tiene un papel importante y tiene el derecho de afirmar su propia cultura a la luz del evangelio.
  3. Deseamos buscar el rostro de Dios en nuestras culturas e historias míticas, las cuales nos sirven como nuestro antiguo testamento, revelando cómo Dios se ha manifestado en nuestro contexto histórico y sociocultural.
  4. Es de suma importancia la recuperación y la preservación de nuestras culturas, pero también sabemos que la cultura es dinámica y siempre está adaptándose. Por lo tanto, rechazamos la aserción nativista de ciertas personas o grupos que dicen que hay que preservar o recuperar una forma supuestamente esencial de nuestras culturas que no respeta a aquellas personas y comunidades indígenas que practican una religión como la cristiana.  Como cristianos y cristianas indígenas reafirmamos nuestra identidad cultural y también reconocemos que debemos analizar y criticar cualquier pauta de nuestra cultura que discrimina, sojuzga, o excluye.

MISIÓN

  1. Cumplir con la misión de la iglesia en nuestro contexto es una tarea de todos y todas y confiamos que el Espíritu Santo puede guiarnos en el camino. Mientras solo la comunidad local tiene el derecho de criticar su propia cultura a la luz del evangelio, reconocemos que necesitamos el apoyo de todo el cuerpo de Cristo, incluyendo a las iglesias no-indígenas, en esta tarea. Todos los miembros del cuerpo de Cristo somos interdependientes y tenemos la responsabilidad de comunicar a Jesús como un mensaje de paz, convivencia, esperanza y amor.
  2. Es necesario buscar métodos apropiados para la misión para que la raíz del evangelio crezca en nuestras culturas. Necesitamos una pedagogía contextual que incorpore nuestras narraciones e historias con la historia de Dios en la Biblia para trasmitir el mensaje de Jesús de la mejor forma de una generación a la otra. El proyecto de evangelización entre los pueblos indígenas debe ser desde el contexto del indígena y con el indígena, para no convertir el evangelio en una lista de reglas o una carga impuesta desde afuera.
  3. En nuestra labor misional el acto comunicativo del evangelio de Jesús puede generar conflictos con algunas creencias y prácticas tradicionales de nuestros pueblos. Es preciso anotar que los sectores más conservadores de los grupos étnicos han tenido una concepción negativa sobre los cristianos indígenas. Por lo anterior es pertinente trabajar y servir a ellos, demostrando que antes de ser cristiano Dios nos creó indígenas y seguimos siendo íntegros con nuestros pueblos sin tener que comprometernos en prácticas que atente nuestros principios y valores cristianos.
  4. Nosotros aprendemos mirando e imitando lo que practica otra persona. Entonces es necesario acompañar a hombres y mujeres cristianos en su proceso de formación para cultivar creyentes ejemplares que nuestros pueblos indígenas pueden imitar en su vida diaria. Por consiguiente es importante empoderar a creyentes y evangelistas indígenas, sobre todo darles espacio y voz a la crítica de las misiones extranjeras que no han logrado equilibrar el aspecto de la cultura y la biblia, es decir la palabra del pueblo y la palabra de Dios.
  5. Cuando pensamos en nuestra misión, es necesario repensar nuestra relación con el resto del cuerpo de Cristo, con los misioneros extranjeros e iglesias no-indígenas que sirven a los pueblos indígenas y sus iglesias. Creemos que es importante que la iglesia permanentemente siga reformándose y asumiendo una perspectiva intercultural como parte de vivir la unidad del Cuerpo de Cristo en el respeto de las diversas culturas que nos rodean. Con los misioneros extranjeros tenemos que evitar que ellos tomen el control a definir lo que es bueno y lo malo. También vemos que aun dentro de las iglesias urbanas-occidentales de nuestros países se sigue reproduciendo conceptos de los indígenas de manera estereotipada y muchas veces negativa. Muchas publicaciones sobre el indígena no se consulta si el indígena está de acuerdo. Por lo tanto tenemos que emprender un diálogo intercultural en la iglesia para que veamos todos y todas que Dios también nos habla desde el lenguaje de la cosmogonía, desde nuestra cotidianidad y a través del Espíritu Santo. Las iglesias y misioneros no-indígenas deben entender que para lograr juntos con las iglesias indígenas un trabajo duradero es necesario emprender unos procesos prolongados con la comunidad porque el discipulado tiene que hacerse en nuestro idioma y desde nuestra cultura y porque, igual que hemos aprendido de ellos, ellos y ellas tienen mucho que aprender de nosotros.

HISTORIA

  1. En la práctica misionera evangélica, tenemos que visibilizar la voz del evangelizado, de los y las hermanas indígenas. Hasta ahora, el mundo solo conoce algo de la historia de nuestros pueblos e iglesias desde la perspectiva del misionero extranjero, pero pensamos que es de mucha importancia contar la historia desde la perspectiva indígena. De la misma manera que aprendemos de Dios y sus obras a través del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, en nuestras iglesias debemos aprender de dónde venimos, quiénes han sido los personajes claves en nuestra historia y cómo ha obrado Dios a través de nuestros propios miembros.
  2. Debemos hacer conciencia que las bibliotecas viven en nuestras comunidades. Muchas veces queremos entender la vida y las comunidades desde una biblioteca, instituciones, escrito y manejado por los externos. Es nuestra responsabilidad comenzar a motivar a la nueva generación que deben escuchar las historias de sus ancianos como fuente primaria.
  3. Entonces es necesario incentivar a las nuevas generaciones a conocer nuestras historias, empleando estrategias de diálogo con los ancianos y ancianas, porque sin entender nuestro pasado y sin enseñar nuestra historia a nuestros hijos, no podremos entender nuestro presente ni ellos podrán formar nuestro futuro. Debemos contar nuestras historias para el bien de la iglesia mundial, especialmente para el bien de la iglesia de la sociedad occidental y la reconciliación de las iglesias indígenas y no-indígenas.
  4. Existe la necesidad de una comunidad letrada indígena para escribir nuestras historias, desde las narrativas, al mismo tiempo debe haber acciones que incentive y motive la oralidad ya que es la manera más dinámica y segura de trasmitir los conocimientos indígenas y los principios a las siguientes generaciones.

Reconociendo la importancia de contar nuestras historias, hemos decidido embarcarnos en un proyecto para escribir, grabar, compilar y publicar todas las historias que hablan del nacimiento y vida de las iglesias evangélicas indígenas/autóctonas/nativas en América Latina y su producción teológica. Enfocaremos en las biografías de individuos, historias de comunidades de fe y eventos históricos que han jugado un papel clave en la historia de nuestras iglesias. También deseamos mirar más allá de las paredes de nuestra iglesia y recordar las historias de las y los líderes de nuestros pueblos quienes han luchado, y a veces han muerto, para proteger la permanencia de nuestros pueblos en nuestras tierras, sin cuyo trabajo nuestros pueblos ni iglesias existirían. A través del ejercicio de contar las historias también esperamos recuperar y revalorar nuestras prácticas culturales que promueven la vida y los valores del Reino de Dios.

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Por Nicolás Panotto

¿Cuál es el lugar desde donde hacemos teología? O mejor dicho, ¿sabemos reconocer todo lo que se juega en el quehacer teológico? Estas son algunas de las preguntas que el reconocido teólogo brasileño Rubem Alves responde en un precioso librito con algunas décadas a cuestas: La teología como juego (La Aurora, Buenos Aires, 1982).

Es una pequeña obra que enlaza temas tan variados como el cuerpo como encarnación de la realidad, la verdad como herejía, el lenguaje como medio de relatos mágicos que iluminan la vida, el teólogo y la teóloga como personajes muchas veces siniestros pero importantes para la sociedad cuando se abren al mundo, a sus esperanzas y a sus utopías, a sus desgarros y medicinas.

La teología es como un juego, dice Alves. Un juego que evoca a la imaginación. “Ve cosas donde no las hay” y las proclama como verdades pasajeras. Es en este juego de imaginación, de creación y de inventiva donde los teólogos y las teólogas son considerados como seres extraños, que se ríen de la realidad pero que dicen lo que ven, y a partir de allí hablan y comparten ese mundo de fantasía, que no por ello es irreal sino más bien la imagen de un hecho, de un lugar y de una historia tejida con los hilos de la vida, de las risas, de las tristezas, de los gritos, de las angustias y de las esperanzas.

El mundo del teólogo y la teóloga es el mundo de las historias que enmarcan la cotidianeidad. Así lo expresa Alves:

El mundo de donde vienen los teólogos no es simplemente un lugar donde las personas tienen el interesante hábito de hablar por medio de metáforas y de parábolas. Al contrario, se trata de un mundo que es inaugurado, sustentado e iluminado por el propio hecho de contar y repetir las historias. En las historias se teje el pensamiento, se descubren horizontes, se da nombre a los deseos. (p.103)

Este espacio donde se hace teología no es más que el mundo representado por la vida misma, con sus luces y oscuridades, con sus idas y vueltas, con sus avances y retrocesos. De aquí la dimensión lúdica de la teología: son palabras y acciones que nos permiten “ir más allá”, gritar a viva voz y susurrar en el silencio nuestras vivencias, imágenes, esperanzas, deseos y sentimientos hacia aquella Realidad Suprema que todo lo ve, todo lo abarca, todo lo escucha, y que por ello desconocemos y se nos escapa (Misterio pleno). Y es en este juego donde a veces se pierde, a veces se gana, a veces se sale golpeado, pero, al fin, siempre se está jugando y se crean esas historias que forman nuestra identidad. Se es cuerpo pleno de vida.

La teología no es un juego solitario. Se da en un lugar concreto y con la compañía de muchos amigos y amigas del sendero, con quienes compartir, amar, pelear, enojarse, emocionarse. Éstas representan, finalmente, las experiencias claves del juego. Un juego abierto a mis compañeros y compañeras que desearon estar allí, compartir en conjunto, darse a conocer tal cual son y amarnos tal como somos.

Y es así como descubrimos la persona de ese Dios que nos permite ser, que nos observa y nos deja entrar en ese fascinante juego de escondidas y descubrimientos que implica precisamente ver dónde se revela (el Deus Absconditus –Dios oculto- del que hablaba Lutero). Preguntarse por la manera sorpresiva en que se manifestará, para que le veamos y digamos “¡allí está!”, respuesta que utilizaremos innumerable cantidad de veces y que nunca agotará la totalidad de posibilidades.

Por momentos este juego se pondrá difícil. Muchas veces lo divino se encuentra bien escondido, otras “a la vuelta de la esquina” pero sin poder verle aunque sabiendo que está cerca. A veces ni siquiera le percibimos porque creemos que las reglas del juego son unas pocas e inamovibles. ¡Pero si algo implica el juego es que no hay reglas fijas! ¡Lo importante es divertirse, sentir, dejarse llevar! Dios es tan grande y tan divertido que siempre nos mantendrá entretenidos. Qué pena que por momentos hagamos de su imagen algo tan aburrido, estático, quieto.

En fin, Dios siempre está presente en el juego de la vida. Y precisamente es parte de este juego ir juntos y juntas, pensando, caminando y soñando sobre las vivencias, las experiencias y los sentimientos de ese proceso fascinante, escenario de la manifestación divina. Por ello Alves establece claramente que la clave se encuentra en dónde nos situamos para jugar. O sea, en el deseo. En sus palabras:

Lo que está en juego es el lugar donde colocamos el deseo, si en las presencias o en las ausencias, si en las certezas o en las esperanzas. Todos los que colocaron su amor en las esperanzas están condenados a recorrer el mismo camino que lo mágico. Por muy distintas que sean las cosas que sus cuerpos hacen, en sus corazones arde el deseo de que la realidad sea abolida. Y es exactamente la nostalgia del exiliado y el gesto del hechicero, que se anuncia por primera vez en el juego, cuando los niños, en el juego de hacer como sí, transforman lo que es en lo que no es y lo que no es en lo que es. (p.132)

Qué hermoso es el juego de la teología. Es el juego de soñar, de descubrir, de imaginar, de correr. Lejos está de aquellas expresiones duras y cerradas que tan poca diversión nos trae: el dogma, la doctrina, la ley, las moralinas religiosas. Sí, por supuesto que ellas también son parte de la vida. Pero volvamos a la pregunta que hace Alves: “¿dónde colocamos nuestro deseo?”. ¿Es dar amor y ser amados, abrirnos a los demás así como necesitamos darnos al mundo y a nuestro prójimo? ¿Es allí donde está Dios?

La teología es un juego muy vasto y abarcativo, con momentos para caminar y momentos de quietud; momentos para detenerse a pensar en lo que se va a hacer y reflexionar sobre la ruta. Pero, ¿cuáles son las características de todo juego? Son, precisamente, la risa, el compañerismo y la imaginación. Estas son, también, tres claves centrales de todo quehacer teológico. La búsqueda de la alegría compartida entre todos y todas, desde la creación de un espacio que nos permita ver más allá, soñar, imaginar que las cosas pueden ser distintas y desde caminos innumerables.

Es por eso que Alves finaliza personificando a los teólogos y teólogas, primero como bufones cuyo objetivo principal es hacer reír, pero diciendo verdades muy profundas en sus actuaciones. La ironía y la risa siempre fueron armas políticas y sociales muy importantes. La teología como quehacer risueño y crítico permitirá apreciar la vida desde las tripas que se constriñen tras la carcajada, como también desde la indignación que emerge en el poner el escena lo obsceno de la realidad. Por ello el bufón es un personaje muchas veces odiado por la corte pero amado por el pueblo, ya que ven en él sus propias vivencias.

Segundo, Alves también habla de los teólogos y las teólogas como niños y niñas que recrean la realidad con el juego. Que construyen mundos con su imaginación, sin demasiadas complicaciones y con completa honestidad. Por eso concluye Alves:

Yo estoy sugiriendo, como bufón y como niño, que el estilo de la teología es el estilo de la risa, no importa que ella brote de la canción de una ronda o de la visión del rey desnudo. La risa es el sacramento que hace que los niños y los payasos anden tomados de la mano, aunque sus risas sean diferentes. (p.121)

Muy frecuentemente surge la pregunta: ¿por qué la teología es tan desestimada? ¿No será precisamente porque no la entendemos como ese juego del que ya somos parte? ¿No será que la teología se presenta de formas que nada tienen que ver con la alegría de disfrutar de la vida y de la fe, en donde lo divino se hace presente como sorpresa?

Aunque no queramos reconocerlo, como creyentes hacemos teología constantemente. Como hombres y mujeres ya formamos parte del juego de la vida. Estamos situados en ese espacio donde Dios quiere darse a conocer y desea que le descubramos. Para este juego no hay selectos o selectas. Simplemente existen distintos lugares donde nos ubicamos desde la curiosidad que nos invade a partir del creer. Todos y todas somos parte de él, invitados e invitadas por Dios mismo, para imaginar cómo podemos jugar mejor, soñar en dónde está y cómo quiere que juguemos con alegría en la vida.

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Por Silvina Kosacki

Dos mujeres se encuentran a compartir. Una, ha cargado por años el peso de la humillación de su esterilidad. La otra, lleva a cuestas la humillación de su fertilidad. Una, en medio del gozo del milagro, se duele con la que lleva la incertidumbre e incomprensión de su propio milagro. Pero ambas se abrazan, ríen, lloran y conversan. Y en medio de la comunión, surge, como un manantial, la teología espontánea. Darle sentido divino a sus realidades. Entender el significado trascendente del pasado y del presente, atisbando el futuro. Una profetiza una bienaventuranza, la otra prorrumpe en un himno profético  dando gloria y alabanza. Ambas reflexionan para la eternidad, en medio de sus realidades.

Dos van por el camino. Tristes, vencidos, angustiados. Regresan con manos vacías, anhelos incumplidos. No van callados. Conversan, tratando de entender. Intentando “buscarle la vuelta” a los acontecimientos abrumadores por los cuales acaban de atravesar. Traición, encarcelamiento, tortura, juicio injusto de toda injusticia, condena sumaria e inapelable… muerte. ¿Cómo pudo suceder? ¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo se explica? ¿Qué hay de cierto, qué hay de mentira? ¿Qué fue lo que se dijo… y cómo se dijo? Cavilan, reflexionan, piensan y expresan.

El hombre necesitaba un milagro. Era una situación desesperante. Ya no había salida, no había esperanza. El hombre sabía acerca de milagros. Sabia de Dios. Le habían hablado, le habían contado. Tenía el conocimiento, y todos los argumentos a favor. Había hecho su investigación y había recabado información. Pero había un problema: no creía. Su fe no llegaba siquiera al tamaño de un grano de mostaza. Allí, ante sus ojos, el problema persistía y no había alivio a su dolor. Podía quizá entender, pero no podía creer.

Ese grupo de hombres de acción, con pies polvorientos por el camino andado junto al Maestro, se quedaron pasmados ante la pregunta directa y profunda lanzada como un gancho al hígado: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Se quedaron en silencio. Tuvieron respuestas para la pregunta anterior: ¿quién dicen los otros que soy yo? Rápidamente contestaron: que Juan el Bautista, que Elías, que Jeremías, que algunos de los profetas. Sabían lo que otros decían. Conocían las discusiones y disquisiciones de grupúsculos que se reunían a tratar de encontrar razones y definiciones. Pero… ¿Yo?… ¿Yo?… ¿Yo?… ¿Yo? …Cada uno buscaba dentro de su mente y su corazón la respuesta para una pregunta tan “caliente”. Se miran en silencio. Bajan la vista. Cruzan los brazos y dibujan con sus pies en el polvo una suerte de signo de interrogación. ¿Quién eres para , Jesús?

Teología de cocina, entre delantales y cacharros de barro. Teología en el camino, muchas veces caminos errados, pero caminos al fin. Caminos que hacen todos en su peregrinaje vitalicio. Teología de escritorio, de oídas, de lo que dijeron otros, de lo que contaron, de información abstracta recibida en letras sin mucho sentido. Teología en medio del grupo de acción, de aquellos que han oído y han visto de primera mano. Que caminan en Sus huellas, que comen de sus manos y beben de su manantial.

El quehacer teológico surge allí donde hay preguntas, necesidad de significado, realidades sin sentido aparente. No importa el lugar. No importa si es en una cocina, o en medio de caminos, aunque estos sean de retorno sin esperanza. Tampoco importa si se produce de lejos, de oídas, de información de segunda mano, o en el corazón de la acción, en la comunidad de las manos activas y pies caminando el Reino. Lo importante, en el hacer teología, no es el lugar donde se lleva a cabo. Lo relevante no es la pertenencia o no pertenencia a este o a aquel grupo. Lo fundamental no es si es mujer o varón, judío o griego, esclavo o libre.

Lo que hace la diferencia es hacer teología siguiendo a Jesús. Siguiendo sus pasos, pisando sus pisadas. Lo que provoca que el niño salte en la cámara más oculta del ser de Elizabeth, es la presencia de Jesús en las entrañas maternales de María. El Espíritu Santo haciéndose presente y llenando la boca de esas dos mujeres, con los delantales y las manos llenas de harina, en un canto profético que inunda la humilde cocina y la trasciende a perpetuidad.

Lo que hace la diferencia es hacer teología caminando con Jesús. Aun en caminos errados, la presencia de Jesús otorga significado, le da sentido a los acontecimientos, aun los más insensatos, aun los más apabullantes. Es el Espíritu Santo abriendo los ojos, para poder mirar la profundidad de las palabras, la razón de las acciones. El corazón que arde al escuchar. El pan bendecido, partido con manos santas. Transforma un camino avergonzado y angustioso, en una avenida gozosa y comprometida. Transforma los pasos arrastrados y anónimos en presurosos y llenando de esperanza el camino de miles después de ellos.

Lo que hace la diferencia es hacer teología experimentando las señales de vida del Reino. Aceptando tanto el conocimiento como la ignorancia. Siendo consciente de la información pero también de la incredulidad. La teología encarnada en un milagro liberador. La señal que echa por tierra la incredulidad, que avergüenza una teología sin vida para construir otra vital. La presencia del Rey del Reino que sustenta lo dicho, y con ello fundamenta con un acto concreto las palabras vacías que no producían fe… solo más preguntas.

Lo que hace la diferencia es hacer teología dando lugar a la guía del Espíritu Santo. Ante la pregunta, ante el interrogante, ante la incertidumbre… la revelación de Dios. Mateo, como protagonista presente que el mismo Jesús le dijo a Pedro: No te lo reveló sangre ni carne, sino mi Padre que está en los cielos. En medio de la comunidad “eclesial”, la de aquellos que tienen su mano en el arado, de aquellos que saben de lo que están hablando, de aquellos que no hablan de oídas sino por lo que hacen, ven y experimentan, lo que hace una diferencia es hacer teología permitiendo, invitando, haciendo lugar a la dirección del Espíritu Santo. A la revelación divina que ilumina la mente y le da el verdadero sentido transformador a las palabras.

Como Fraternidad Teológica que somos, el quehacer teológico es lo nuestro. Y no importa quien, ni como, ni en donde se haga la teología. No hace la diferencia ni los nombres ni los lugares. La diferencia lo hace una comunidad que le da espacio a la presencia transformadora de Dios. La diferencia radica en que se haga teología, entendiendo a esta como esa espiritualidad que transforma, que produce cambios y que se traduce en acción renovante y renovadora.

Que en medio de nuestros núcleos, en medio de nuestras comunidades teológicas, no nos olvidemos nunca de que lo que hacemos lo hacemos para fomentar un ministerio encarnado, comprometido con las realidades de los latinoamericanos, con un evangelio transformador. Que en cada una de nuestras reuniones tengamos bien presente que nuestra oración motivadora es: “Sigamos a Jesús en su Reino de Vida. ¡Guíanos, Santo Espíritu!”.

teologia

(…) cuando Luis Cruz-Villalobos titula a su libro Poesía Teológica, cuando se decide a convertir la materia teológica en palabra poética, no está haciendo un trabajo de ornamentación. Sino que más bien, toca la raíz más profunda y la fibra más antigua de la teología, que no es más que la teología siendo poesía antes que doctrina; siendo creación-del-mundo antes que credo, siendo poiesis antes que lógica endurecida, infundiendo palabras de vida y muerte, de sufrimiento y alegría, antes de que las palabras mismas sucumban a la rigidez de la ortodoxia y sus cánones. La teología es canción antes que ser el contenido de una summa o de un concilio.

John D. Caputo

Prólogo del libro Poesía Teológica

EL DIOS-GORRIÓN

Si Dios existiera

Nada cambiaría

Decía Sartre

desde su bizca perspectiva

Pero está claro

que el dios platónico

o el aristotélico

o el no-dios del príncipe Gautama

o el Logos estoico

o el de Spinoza

en fin

Nada podrían cambiar

Tal como el dios deísta

Relojero loco

Parlanchín lejano

Impotente por definición

Apático por excelencia suprema

Ese dios

nada

cero a la izquierda

Definitivamente

Sartre estaba en lo cierto

Cero aporte

Un dios frío y calculador

Impertérrito

Nada

Pero no me podrán negar jamás

que el Dios-gorrión

El Dios empobrecido

El Dios apasionado por su obra de arte

El Dios loco de remate por amor

El Dios mártir

Este y sólo este Dios

lo cambia todo

Todo lo deja en deconstrucción

como los danzarines átomos.

DIOS ENFERMO

Un día Dios se enfermó de cáncer

Comenzó a adelgazar

rápidamente

Ojeras

Voz pastosa

y nadie lo visitaba

en la sala del hospital público

Esa sala fría y alta

con camas metálicas

de un blanco que algún día fue

Dios miraba

a sus compañeros de sala

Todos enfermos del mismo infierno

Todos lejanos

Cercanos a la muerte

Llenos de dolores

como Él

pero en su mayoría acompañados

Dios en cambio

Solo

En una ocasión

despertó justo a media noche

y como nunca

pensó inéditamente

en la muerte

Su muerte

pero no redentora

No muerte simbólica

No muerte mítica ni cósmica

Sino una muerte

como de esas que abundan

Una muerte solitaria

Fría

Vacía y triste

Una muerte absurda

Tragó saliva

Miró por la ventana

y vio un aromo florecido

bajo la luz de la luna

Cerró los ojos

Respiró profundo

y lloró.

INHALANDO TOLUENO

A los niños

del puerto Talcahuano

Era de noche

a las puertas del mercado

del maloliente puerto

Y allí se fue a dormir

Dios omnipotente

Creador del cielo y de la tierra

Curiosamente nadie lo desconoció

y le dejaron un espacio

en medio de los cuerpos

húmedos y sucios

Esa noche fue especial

los niños durmieron tranquilos

Sin sobresaltos sodomitas

Sin frío

Sin hambre

Y el tolueno no tuvo que ver

No fue obra de su magia

Pero Dios esa noche

se sobresaltó con pena y pudor

De frío y de hambre

Incluso se le descubrió inhalando

aquella sustancia milagrosa

que lo alejó unos minutos

de la miseria.

VIEJO DIOS

Dios

misteriosa e inexplicablemente

Considerando su perfecta naturaleza esencial

Un día se hizo viejo

No podía masticar bien

Ya no controlaba esfínter

Empezó a olvidar las cosas

Y a repetir las mismas historias

Sus hijos e hijas

se pusieron seriamente de acuerdo

y lo llevaron a un hogar

donde otros lo cuidarían bien

y allí quedó Dios olvidado

Hoy lo pueden ver charlar

con sus amigos

que a veces andan por otros mundos

bajo las altas dosis de benzodiazepinas

A los que les suele repetir sus aventuras

de cómo esculpió a su querido adán

Cómo se le ocurrió lo del arca

Cómo dividió en mar rojo

Cómo multiplicó los panes

Cómo dejó vacía la tumba

y de cómo un día próximo volverá en gloria

haciendo volar por los aires

lugares como esos

donde lo fueron a abandonar

aquellos y aquellas que Él tanto amaba.

DIOS ILEGAL

A los millones

de indocumentados

Como todos sabrán

Nuestro Dios justo y amoroso

es extranjero

en el planetario sentido de la palabra

Una vez le pidieron sus documentos

y la policía no quedó satisfecha

Además su acento

Su tono de piel

Su aire sospechoso

Todo indicaba que tendría que irse

Ni para turista le daba la medida

Lo tomaron de la solapa

Le registraron hasta los calzoncillos

y lo dejaron en la frontera

Y así de humillado

partió Dios a buscar otro lugar

pero la historia se repitió

Este ilegal de mierda

Qué hace aquí

Vino a robarnos

A ocupar nuestros trabajos

Que se vaya el maldito

Y de frontera en frontera

el Dios único

Creador de la tierra y sus mares

indocumentado

Partía a buscar un hogar

pero nada

Era extranjero en todas partes

Por último

simplemente decidió

usar pasos fronterizos ocultos

y vivir en la clandestinidad.

EL “DIOS” GUERRA

A los niños

de medio oriente

Mientras Dios

El único y verdadero

se vestía de niño

Mefistófeles se puso su traje de luces de neón

y se fue a seducir por la tierra

Se dedicó como siempre

a los reyes del momento

y con sus coimas de poder y gloria

instauró la guerra

Multitudinaria e infernal

Insoportablemente memorable

Y Dios

allí estaba

Vestido de niño

llorando junto a otros

mientras sonaba la sirena

de los bombardeos

Cuentan que estaba en un refugio

cuando los verdugos libertarios

arrojaron el misil exacto

justo por la chimenea

(ya se elogiarían a sí mismos

por tanta puntería)

e hicieron volar en pedazos los cuerpos

de todos los niños y niñas

que aquel día

se ocultaban allí del infierno

y que no entendían

ni entenderán por la eternidad

toda guerra.

HUERFANO Y VIUDA

A Ernesto Cardenal,

por ejemplo

Cuentan que Dios

El mismo que hizo danzar

el primer átomo de hidrógeno

y que sabe el número

de todos los sistemas de galaxias

Suele visitar a los huérfanos

y a las viudas

por las noches

Les susurra una canción

en el oído

Les besa la frente

y se va triste

anhelando hacerse carne

Hacerse padre/madre palpable

Hacerse esposo/esposa visible

pero ya no puede

Es otro el proyecto

Por ello

parte raudo

como viento espectral

a susurrar la misma tonada

al oído de los que le tienen

un amor extremista

Indiscriminado

Hondo

y que están y han estado dispuestos

a ser los padres/madres/esposos/esposas

de los desolados de la tierra.

Luis Cruz-Villalobos


writing_poetry

 

Selección del capítulo Dios Mendigo, de Poesía Teológica (Hebel Ediciones, 2015).

Versiones online https://vu-nl.academia.edu/LuisCruzVillalobos

Web www.benditapoesia.webs.com

Queremos compartir con ustedes con mucha alegría la incorporación al equipo de la FTL de dos personas: Alexandra Zamora (der.) como secretaria regional de la región de Estados Unidos y Canadá; y Alex Fajardo (izq.) como secretario regional de la región de Brasil.

Agradecemos a Dios por sus vidas y pedimos sus oraciones por su vida, sus familias y la labor que desempeñarán dentro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.

Para más información  sobre ellos y cómo contactarlos visita la sección “Núcleos Locales” en nuestra página.

Nuevos secretarios regionales. Alexandra y Alex

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Ruth Padilla DeBorst

 

La voz del poeta cantor pinta el cuadro actual. Los Gypsy Kings cantan:

Yo me encuentro triste y solo
Y buscando por la calle
Mi camino
Porque soy un vagabundo
En mi tierra, en el mundo
Mi Camino

El camino, mi camino
El camino del verano
Y yo soy un vagabundo
Yo me voy por este mundo

Personas en constante movimiento, vagando por el mundo sin hogar fijo. Buscando. Por calles, mares, fronteras. Algunas forzadas por guerras, hambre, violencia. Otras, turistas de la vida, en busca inacabable de nuevas experiencias, de estímulo, de cambio. En palabras de un sociólogo, hoy las identidades se adoptan y se descartan como disfraces (Lasch en Bauman). Se privilegia la apariencia sobre la salud; se procura consumir más que producir; se prefiere la obsolescencia antes que la durabilidad –aún en las relaciones interpersonales. Se fragmenta la vida en episodios en lugar de trazar una estrategia de vida, se procura que todo se consiga YA. Estoy haciendo referencia aquí a pensamiento del sociólogo polaco Bauman. En este medio, prosigue, las relaciones humanas son fragmentarias y pasajeras y se sustituye la ética por los sentimientos morales, las intuiciones y los impulsos de los seres autónomos. Todo milita contra la construcción de redes duraderas de deberes y obligaciones mutuas.

Yo me encuentro triste y solo
Y buscando por la calle mi camino
El camino, mi camino
Y yo soy un vagabundo…

Frente a este cuadro, existen buenas noticias? Tiene el evangelio de Jesucristo algo que aportar a nuestro mundo vagabundo? Hay camino? Hay destino? Hay esperanza?

La Biblia toda es un registro de un pueblo que camina, se encamina hacia su destino, su vocación de vivir de tal manera que sirvieran como ejemplo a los otros pueblos. El pueblo se encamina, se desvía, se encarrila. Elige caminos de vida. Elige caminos de muerte. En medio de sus elecciones, su Creador no se ausenta. Aún cuando el pueblo vaga por el desierto, Dios se acerca, proveedor, sustentador, perdonador, restaurador. Les provee una ley que les traza el camino de regreso a su destino: al amor a Dios hecho carne en el amor al prójimo y el cuidado de la tierra. Aún cuando el pueblo incumple esta ley que conduce a la vida, Dios envía profetas que les desafían a mirar hacia atrás, a hacer memoria del camino recorrido, y les instan a mirar hacia delante, indicándoles hacia dónde deben dirigir sus pasos para llegar a su destino. Y cuál, nuevamente, es ese destino? Vivir como pueblo de Dios en medio de los pueblos del mundo. Encontrar su identidad en la irrevocable relación con su Creador y demostrarla en la calidad de las relaciones con sus co-criaturas. La esperanza del pueblo radica, no en su fidelidad a su pacto con Dios sino en la fidelidad del Dios del pacto, ese Dios-comunidad-de-Amor que se empeña en intervenir en la historia humana para encaminar a la creación toda hacia sus propósitos de vida plena.

Gracias a ese empeño, aún cuando gran parte del pueblo ha olvidado la ley, y muchos líderes religiosos sólo la utilizan como herramienta de privilegio y exclusión, Dios irrumpe en la historia mediante Jesucristo, un obrero itinerante, maestro entre el pueblo, amigo de excluidos, desafiante de estructuras y prácticas opresivas, restaurador de vidas quebrantadas. Y como tal, no sólo indica el camino a andar sino que se tiende personalmente, en carne y sangre, como Camino de vida (Juan 14.6). Quienes lo siguieron no sólo recorrieron los polvosos caminos de Judea junto con él. Más bien encontraron su identidad en su creciente relación con Dios-hecho-humano. No sólo alcanzaron a entender cuál era el camino. Más bien pertenecieron al Camino (Hechos 9.2). Y en esa pertenencia, por obra y gracia de Dios mediante Jesucristo, recobraron su vocación, esa vocación de vivir de tal manera que sirvieran como ejemplo a otros pueblos. No temieron causar disturbios, ser perseguidos, o morir como su Maestro, por andar en ese camino (Hechos 19.23 y 22.4), porque su esperanza radicaba, no en su capacidad de seguir fieles en el Camino, sino en el poder amoroso y restaurador del Dios de la historia y del cosmos quien mediante su Espíritu encamina a toda la creación hacia sus propósitos de vida plena.

Entonces qué de nosotras y nosotros hoy? Las noticias diarias no son buenas. Los caminos que nos propone la actual sociedad de consumo globalizado, sostenida por el andamiaje armamentista y el abuso de la creación, sólo nos dejan vagabundos. Para los más vulnerables, pobres, mujeres, niños, niñas, estos caminos deletrean m-u-e-r-t-e. Para quienes afirmamos la bondad del Creador y seguimos en el camino del Señor Jesucristo por el poder del Espíritu Santo, nuestra vocación es clara: vivir de tal manera que sirvamos como ejemplo a quienes nos rodean. No porque tengamos una moralidad superior, no porque seamos mejores personas, no por ninguna estrategia de desarrollo. Sólo más bien porque encontramos nuestra identidad irrevocable en nuestra relación duradera con el Dios que es desde siempre y para siempre. No ya vagabundos, caminamos hoy con esperanza porque pertenecemos a ese Camino.
Cerramos esta reflexión con la letra del tango de Federico Pagura, una confesión de esperanza:

TENEMOS ESPERANZA

Porque Él entró en el mundo y en la historia;

Porque quebró el silencio y la agonía;

Porque llenó la tierra de su gloria;

Porque fue luz en nuestra noche fría.

Porque Él nació en un pesebre oscuro;

Porque vivió sembrando amor y vida;

Porque partió los corazones duros;

Y levantó las almas abatidas.

Coro:

Por eso es que hoy tenemos esperanza

Por eso es que hoy luchamos con porfía;

Por eso es que hoy miramos con confianza

el porvenir (en esta tierra mía)

Porque atacó a ambiciosos mercaderes.

Y denunció maldad e hipocresía;

Porque exaltó a los niños, las mujeres

Y rechazó a los que de orgullo ardían.

Porque cargó la cruz de nuestras penas;

Y saboreó la hiel de nuestros males;

Porque aceptó sufrir nuestra condena

Y así morir por todos los mortales.

Porque una aurora vio su gran victoria

sobre la muerte, el miedo, la mentira;

ya nada puede detener su historia,

ni de su reino eterno la venida.

vagabundo

* Zigmunt Bauman : From Pilgrim to Tourist –or a short history of identity

                                                                                                                                        Por Juan José Barreda Toscano

Apagada la luz, Ana se dirige a su cama disfrutando ese silencio que la oscuridad ofrece. Se desvanece vestida sin pretender siquiera descalzarse. Solo cae. Y como si el sueño tuviera dueño y viniera a ella como un préstamo, se dispone a ser poseída por él a fin de descansar. Cierra los ojos siguiendo el ritual del sueño, y mientras los segundos pasan cierta angustia toma el lugar de éste como una tormenta de imágenes entrelazadas. Escenas, rostros, sensaciones diversas se superponen y no le permiten llegar al sosiego deseado. La oscuridad sigue allí, pero ahora llenan sus oídos las miradas descalificadoras. La tensión en sus mandíbulas la agotan, sin embargo, ese agotamiento no la ayuda a dormir, la lastima.

Su esposo Elcaná quisiera estar con ella, pero para conservar el equilibrio en la familia decide quedarse esa noche con Penina, su primera esposa, y con sus niños. El atractivo de Penina es singular. A su mediana edad, y después de sus tres hijos, su cuerpo sigue dibujando en el aire las mismas estelas de sensualidad que en sus años de temprana juventud. Esa determinación en su mirada y su seguridad al seducir a Elcaná lo atrapan aunque él no siempre quiera admitirlo. Ambos se conocen de siempre. Jugaron de niños en los mismos campos y despertaron al amor por las mismas épocas. Familiares cercanos ellos dos, están unidos en matrimonio no solamente por los acuerdos de sus padres, sino por una historia que los fusiona, por tierras y suertes en común.

Ana llegó años después. Hija de un primo lejano de Elcaná, fue ofrecida a este como expresión de buena voluntad y en consolidación de una alianza. Ana es dulce y desde su misma fisonomía refleja su timidez. Elcaná, llevado por las perspectivas de su mundo, acepta la propuesta de casarse con la joven sin leer las actitudes de Penina que le expresan su dolor por tal decisión. Váyase a saber si ella comparte esa práctica de ser una esposa entre otras, si cree posible la idea de ser amada entre otros amores, o sospecha que será postergada al igual que sus hijos. Ana llega a la casa, joven ella, tímida y atractiva por contra parte a Penina. Elcaná le dedica más tiempo del esperado y la comienza a amar. Comidas en común, miradas cómplices, atenciones, noches de amor entre Elcaná y Ana atraviesan el corazón de Penina quien, como “corresponde”, enmudece ante su esposo como en Sacrificio de Exaltación en el altar del patriarcalismo. Mientras que Elcaná tiene mayores libertades, sus esposas deben disputar entre ellas el mejor lugar dentro de su posición de posesión. El Señor Elcaná decide a quien y cómo amar mientras ellas deben luchar porque ese amor esté dirigido a ellas.

Ha pasado el tiempo y Ana no ha concebido. La lectura que algunos hacen es que “Dios le ha cerrado el vientre”. Con todos los pronósticos a favor y con todos los esfuerzos humanos no hay juventud que genere vida. La vida es prerrogativa de Dios. Penina se ve tentada a mirar en este hecho un acto de justicia. Y aunque Ana también es víctima, Penina no logra advertir este hecho y se burla de la joven estéril. Una enfática caricia pública a su pequeño Josué, otro comentario sobre la bendición de la maternidad, una más mirada descalificadora hacia Ana la estéril hacen sentir a esta última una mujer insuficiente para su esposo, una mujer que no cumple con su razón de ser en su mundo. Pero tanto Penina como Ana sufren del sentido asignado a sus vidas como procreadoras para su esposo, como aquellas posesiones que deben disputarse el merecimiento de su afecto y manutención, como seres asignados a la satisfacción de su señor. Penina se burla de Ana dentro del mismo círculo de vergüenza y constante temor al desprecio en el que ella se encuentra. No hay amor que cubra esta posición en el mundo por mucho tiempo, o mejor dicho, en todas las circunstancias de la vida.

“Ya sabes que te amo…, ¿no valgo más yo que diez hijos?”, le plantea Elcaná a Ana al observarla con una gran tristeza. ¿Qué pregunta es esa? Piensa Ana mientras calla sollozando. Y es que una joven compitiendo por el afecto del esposo se siente en desventaja de la otra esposa que sí le ha dado hijos. También teme por su posición en el pueblo, por ser despreciada al no cumplir con su rol social. Pero más aún, es la lectura religiosa de tal condición la que la castiga, una lectura que aparentemente ella misma hace de sí. Ana es presa fácil de Penina y ambas del estigma social sobre toda mujer. Al final de cuentas, el consuelo de Elcaná sigue dentro del paradigma patriarcal, sigue siendo él el centro y dentro de ese centro existen otros centros dependientes del primero. Así, en la burla de Penina se exterioriza el sentimiento de culpa que Ana tiene para sí misma. Ana tiene vergüenza y es desdichada no por no poder criar un hijo, no por no experimentar la bendición de dar vida y acompañarla en su crianza, sino por no ser madre ni lograr el respeto de los demás. Penina le ha entregado hijos a Elcaná pero no es suficiente para mantener su amor, o en todo caso, ese amor que antes supieron tener. Ana, que parece contar con el amor de Elcaná, no puede darle hijos y no le es suficiente con saber todo lo que ella es para su esposo.

Llorando frente al Santuario Ana abre su corazón a Dios. No lo busca para encontrar plena libertad, aunque es probable que no lo entendiera así. Tampoco busca sabiduría para entender qué condicionamientos y patrones culturales la hacen tan desdichada. Le ruega a Dios por aquello que acabaría con su vergüenza, por una “solución” que le permitiera vivir “dignamente” aunque se trata de una concepción que la oprime: “Señor de los Ejércitos, concédeme tener un hijo, y te lo entregaré para tu servicio en este Santuario para siempre”. Tener un hijo y no criarlo, entregarlo, pero ser madre, pero decir que se es madre.

Penina observa el embarazo de Ana con desdén. Se siente, ahora más que nunca, sin ningún recurso para competir con la joven esposa. Elcaná contento con el embarazo parece estarlo porque ahora Ana se sentirá mejor, y con ello, acepta el pedido de Ana de entregar al bebé al Santuario una vez que haya sido destetado. Pasado el tiempo, una vez más en el Santuario de Siló, aunque con dolor en el corazón Ana ofrece a su pequeño quien, en realidad, ya tenía su vida separada de la madre cuando ella asumió la vergüenza asignada y optó por ser competente en el sistema patriarcal que la somete. Penina abraza a sus hijos mientras atestigua la entrega. Quizá hasta siente parte de la responsabilidad en la toma de tal decisión. Si bien es cierto sus labios no pronuncian palabra alguna, su postura corporal grita furiosamente que sus hijos son su amor, que Elcaná no vale más que ninguno de ellos. Que no hay dios al que se los ofrezca de esta manera.

Camino a casa desde Siló el silencio es profundo. Las burlas han cesado. No porque Ana concibiera finalmente un hijo, sino porque Penina comienza a advertir que todo esto está mal.

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                                                                                                                                                         Por Luiz Felipe Xavier

luiz felipeDe acordo com René Padilla, FTLiano é uma pessoa que faz parte da Fraternidade Teológica Latino-Americana.

Há uma semana, na cidade de São Paulo, aconteceu a Consulta Continental comemorativa de 45 anos da FTL. O aspecto mais relevante dessas consultas é o reencontro dos amigos de caminhada. Além de reencontrá-los, podemos ouvi-los, o que sem dúvida é muito enriquecedor. Como uma das maiores riquezas da FTL é a não uniformidade teológica, sempre que nos reunimos, precisamos colocar em prática o que Paulo nos ensinou em 1 Tessalonicenses 5:21: “(…) julgai todas as coisas, retende o que é bom (…). Este ensino do apóstolo é enfatizado na chamada “Regra Inaciana”, que diz: “Para que tanto aquele que dá os exercícios espirituais como o exercitante mais se ajudem e aproveitem, há de se pressupor que todo bom cristão deve estar mais pronto a salvar a proposição do próximo do que a condená-la; e se a entende mal, corrija-a com amor. Caso tal não bastar, recorra a todos os meios convenientes para que, bem entendida, seja salva.”. É exatamente com este espírito de salvar, mais que de condenar, que quero compartilhar as minhas ressonâncias sobre a Consulta Continental da FTL. Para tal, o farei destacando o que mais me enriqueceu. Não citarei quem falou o que para tornar a leitura mais fluida.

A FTL nasce no ceio do movimento estudantil na América Latina. Entre os seus objetivos destacam-se a reflexão bíblica, a atenção ao contexto e a ação pastoral-missional. Quando os pastores-teológos da FTL se encontravam sempre tinha uma mesa posta e vários textos para reflexão. Logo, a Teologia da Missão Integral é gestada por muita produção textual e por muita discussão fraterna. Digno de nota é que os seus primeiros líderes eram pessoas sábias e experientes, simples e acessíveis.

A Teologia da Missão Integral, mais do que uma teologia, é uma missiologia. É uma missiologia que chama um povo à obediência da fé. Ela não é uma reflexão sobre Deus, numa perspectiva metafísica, mas é uma reflexão a respeito da práxis da Igreja, numa perspectiva missiológica. Assim, em seus primórdios, ao invés de dialogar com a filosofia, ela preferiu dialogar com as ciências sociais. Esse diálogo a levou a considerar sempre o contexto, tanto do leitor atual como do autor original do texto sagrado. Ela entendeu bem cedo que para ser relevante precisava ser contextual. Isso porque, como afirma Frei Beto, “a cabeça pensa onde estão os pés”.

A Teologia da Missão Integral tem como seu fundamento último a Bíblia Sagrada. Desde o início, ela procurou abrir o Livro para fazer uma teologia desempacotada. A Palavra de Deus é que tinha autoridade para julgar a realidade, não o contrário. Assim sendo, em sua leitura contextual das Escrituras, a Teologia da Missão Integral tomou o Reino de Deus como sua chave hermenêutica. Este Reino foi proclamado por Jesus Cristo aos pobres da Galiléia. Por estes, aquele fez uma opção preferencial, não exclusiva e absoluta. Tal opção foi marcada por um serviço desinteressado e por uma convocação aos seus discípulos para fazer o mesmo.

Com o passar do tempo, a Teologia da Missão Integral começou a dialogar com outras ciências e a ocupar-se com diversos temas. Dentre esses temas, alguns se destacam. Primeiro, o tema da negritude. Penso que estamos sendo desafiados a romper com uma ordem social pigmentocrática. Segundo, o tema da sexualidade. Considero que estamos sendo desafiados a manter os valores da família original, tais como heterossexualidade, monogamia e intenção de permanência. Terceiro, o tema da criança. Acho que estamos sendo desafiados a nos indignar frente à exclusão das crianças, estas que são as principais vítimas da desigualdade social que nos acomete. Quarto, o tema do meio ambiente. Penso que estamos sendo desafiados a aprender com os índios sobre sustentabilidade, e a resistir a um modelo civilizatório predador e consumista. Quinto, o tema da diáspora. Considero que estamos sendo desafiados a abraçar, não a excluir, os estrangeiros-imigrantes que chegam no nosso país. Sexto, o tema dos pentecostalismos. Acho que estamos sendo desafiados a redescobrir as dimensões da mística e da experiência na vida cristã. Sétimo, o tema dos chamados “desigrejados”. Penso que estamos sendo desafiados a viver uma espiritualidade comunitária, uma espiritualidade que seja terapêutica àqueles que sofreram e sofrem traumas religiosos. Oitavo, o tema do diálogo inter-religioso. Considero que estamos sendo desafiados a crescer na compreensão de que o diálogo se dá a partir da afirmação da nossa identidade, não da negação da mesma. Nono, o tema da globalização sócio-político-econômica. Acho que estamos sendo desafiados a desenvolver uma ética social que leve em consideração os princípios da Revelação de Deus. De tudo que ouvi e julguei, isto foi parte do que retive de bom.

Porém, apesar de tudo isso, não posso deixar de fazer algumas críticas. Sinto-me à vontade para fazê-lo porque o faço de dentro. Na programação, em geral, senti falta de algo que sempre esteve presente em nossas consultas: devocionais e orações. Lemos a Bíblia e oramos muito pouco. Isso comprometeu parte do discernimento, da relativização e da denúncia do nosso próprio contexto, o que sempre foi muito caro à FTL e à Teologia da Missão Integral.

Por fim, ressalto dois importantes momentos. Ao longo da nossa consulta, tivemos a oportunidade de homenagear três dos chamados “pais” da Teologia da Missão Integral: René Padilla, Samuel Escobar e Pedro Arana. Sou grato a Deus pela vida e ministério destes preciosos irmãos. No fim da nossa consulta, aconteceu a eleição da nova diretoria da FTL-B. A diretoria da qual eu fiz parte foi substituída por uma nova. Na pessoa do David Mesquiati, nosso novo presidente, peço a Deus que abençoe esta nova diretoria. Que ela desfrute da mesma fraternidade que a diretoria passada desfrutou. Também sou grato a Deus pela vida do Lyndon, do Carlinhos, da Lucy, do Silvério e do Robinson, pessoas com quem tive o privilégio de conviver nestes últimos três anos. O que aprendi com eles, eu guardarei em meu coração.

A minha oração é que a boa mão de graça do Senhor permaneça sempre sobre a nossa querida FTL!

(Fuente: Blog do Luiz Felipe Xavier,  http://www.blogdoluizfelipexavier.blogspot.com/2015/06/ressonancias-de-um-ftliano.html )

                                                                                                                                                                   Por René Padilla

Cochabamba, Bolivia, 1970

Cochabamba, Bolivia, 1970

Con unos meses de anticipación, la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) celebró en San Pablo, Brasil, del 4 al 7 de junio del año en curso cuarenta y cinco años de su formación, que se llevó a cabo en el histórico encuentro que se realizó en la ciudad de Cochabamba, Bolivia, del 12 al 19 de diciembre de 1970.

Según su definición de objetivos se deduce que en el origen de la FTL sus premisas fundamentales serían las siguientes: 1) La autoridad de la Biblia y, en consecuencia, su carácter normativo como la Palabra de Dios en su modalidad escrita. La teología de la FTL, por lo tanto, sería bíblica. 2) La reflexión bíblica de la FTL se realizaría en medio de las culturas latinoamericanas. En otras palabras, la teología articulada en el seno de la FTL sería contextual. 3) La reflexión bíblica y contextual de la FTL estaría al servicio de la vida y misión de las iglesias evangélicas en América Latina. Es decir, la teología de la FTL sería pastoral y misional.

El carácter bíblico de la teología de la FTL está enraizado en un hecho histórico: todos los que participaron en la reunión inaugural de este movimiento, por encima de sus diferencias denominacionales, se identificaban con lo que José Míguez Bonino ha denominado “el rostro evangélico del protestantismo latinoamericano”. Consecuentemente, tanto en su teología como en su vida práctica hacían suyas las convicciones que dieron base a la Reforma protestante del siglo 16: sola scriptura, solus Christus, sola gratia, sola fide. Partieron de lo que se ha denominado el “principio formal” de la teología: la autoridad de la Escritura. Y sobre esta base, confiando en la iluminación del Espíritu y haciendo uso de sólidos principios hermenéuticos, avanzaron en la articulación de su teología.

Clara señal de uno de los objetivos principales que inspiraron la formación de la FTL fue el tema que se abordó en su Primera Consulta en 1970: “El debate contemporáneo sobre la Biblia”. La Declaración evangélica de Cochabamba, emitida por esa Consulta, define la autoridad de las Sagradas Escrituras en términos que no dejan lugar a dudas respecto a su lugar en relación con la revelación especial del trino Dios:

La única autoridad absoluta es aquella que reside en Dios. La definición del sentido y el alcance de la autoridad bíblica sólo es posible cuando se coloca a la Biblia en el contexto total de la revelación de Dios en la historia y de su propósito salvífico. La Biblia es asimismo inseparable de Jesucristo y del testimonio interno del Espíritu Santo. Dios ejerce su autoridad por medio de la Palabra escrita y del Espíritu. Y esta autoridad es normativa en todo cuanto concierne a la fe y a la práctica cristianas.

Es obvio, sin embargo, que para la elaboración de teología bíblica no basta el mero reconocimiento de la autoridad de la Biblia. Tal reconocimiento tiene que ir acompañado por una interpretación basada en una hermenéutica contextual, es decir, una hermenéutica que cumpla la función de salvaguarda del mensaje bíblico en su contexto original y a la vez muestre su relevancia en el contexto contemporáneo. En palabras de la Declaración evangélica de Cochabamba, “necesitamos una hermenéutica que en cada paso haga justicia al texto bíblico”.

Tanto los múltiples encuentros como las numerosas publicaciones de la FTL a lo largo de su historia ejemplifican claramente lo que significa en la práctica estudiar la Biblia reconociendo su carácter normativo como la Palabra de Dios en su modalidad escrita haciendo uso de una hermenéutica contextual. En otras palabras, es estudiarla tomando muy en serio no sólo el contexto histórico original de los escritos que forman parte de ella sino también el contexto histórico actual y las preguntas que éste plantea a los lectores en el mundo contemporáneo — preguntas relativas no sólo a la ética personal sino también a la ética social.

Tanto el reconocimiento de la autoridad de las Sagradas Escrituras como la constante búsqueda de fidelidad a su mensaje y de su actualización contextual se han hecho visibles, por ejemplo, en los “congresos latinoamericanos de evangelización (CLADE II a CLADE V) auspiciados por la FTL, y se traslucen también en sus publicaciones, comenzando con su órgano oficial en castellano, el Boletín teológico. Lo mismo se puede decir respecto a los libros de la Colección FTL, que tomaron el lugar de la revista, escritos (con muy pocas excepciones) por autores latinoamericanos y publicados hasta recientemente bajo el sello de Ediciones Kairós. Todos ellos, en mayor o menor grado, podrían usarse para ilustrar el valioso aporte que la FTL ha hecho en el campo de la teología bíblica enfocada desde la perspectiva contextual promovida por este movimiento. Cabe, además, por lo menos mencionar que en la revista trimestral oficial de la Comunidad Kairós (Misión desde el No. 1 hasta el 38 inclusive, e Iglesia y Misión a partir del No. 39) se publicaron numerosos artículos escritos en su gran mayoría por miembros de la FTL, caracterizados por la misma tónica bíblica-contextual de los artículos mencionados en relación con el Boletín Teológico y los libros de la Colección FTL.

En conclusión, el uso frecuente de una hermenéutica contextual tanto en los encuentros como en las publicaciones vinculados a la FTL a lo largo de su itinerario justifica el calificativo de la teología efeteliana como una teología contextual. Rolando Gutiérrez la describió atinadamente como una teología evangélica que “da por sentado que sólo es posible cuando los cristianos toman en serio la situación socioeconómica, política y cultural en que viven, y se esfuerzan por encarnar los valores del Reino de Dios en su propio contexto”. En línea con esta convicción, la reflexión auspiciada por la FTL ha mantenido un énfasis interdisciplinario, y varios de los miembros del movimiento son profesionales que, sin tener una capacitación teológica formal, quieren “pensar teológicamente”.

Cabe añadir que la reflexión efeteliana no es un fin en sí: está al servicio de la Iglesia de Jesucristo y, consecuentemente, tiene una orientación pastoral y misional. A lo largo de sus cuarenta y cinco años de existencia, como reza uno de sus objetivos, la FTL ha buscado maneras de “contribuir a la vida y la misión de las iglesias evangélicas en América Latina, sin pretender hablar en nombre de ellas ni asumir la posición de su vocero en el continente latinoamericano”. Un buen número de sus miembros son pastores de iglesias locales y tienen la oportunidad de implementar ese objetivo directamente por medio de su ministerio pastoral y misional, alentados por los encuentros y las lecturas vinculadas a la FTL. Otros miembros enseñan en instituciones de educación teológica y pueden testificar de lo mucho que este movimiento ha significado en su labor docente. Y otros mas, que no han estudiado teología formalmente, han derivado de la FTL la inspiración para ejercer su profesión con sentido de misión, en línea con la afirmación que se hace en la Introducción al libro que surgió de la Consulta de la FTL sobre nuevas alternativas de educación teológica, que se realizó en Quito, Ecuador, del 19 al 23 de agosto de 1985: “Todos los miembros de la iglesia necesitan aprender a pensar teológicamente; todos precisan herramientas para construir puentes entre el mundo de la Biblia y el mundo contemporáneo, y todos requieren ayuda para articular su fe”.

Por la gracia de Dios, las perspectivas pastorales y misionales de la FTL han calado y siguen calando profundamente en muchas iglesias en América Latina e incluso en otros continentes. En el centro de tales perspectivas están las convicciones de las cuales este movimiento deriva su orientación pastoral y su orientación misional. Como se hace evidente en sus publicaciones, la FTL ha promovido desde su origen una pastoral participativa que toma en serio el sacerdocio de todos los creyentes y un liderazgo de servicio modelada por el Hijo del Hombre, que “no vino para que le sirvan sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mr 10:45). Uno de los miembros de la FTL ha sido reconocido como el “padre de la psicología pastoral en América Latina”. Se trata de Jorge León (cubano-argentino con largos años de residencia en Argentina), cuya obra Psicología pastoral para todos los cristianos, cuya décimo-cuarta edición fue publicada por Ediciones Kairós.

En cuanto a la orientación misional de la teología de la FTL, no es exagerado afirmar que a ésta se la reconoce hoy como una de las entidades evangélicas que por la gracia de Dios más ha hecho por difundir en América Latina y a nivel global lo que hoy se denomina misión integral— un acercamiento a la misión de la iglesia en el que se busca poner en práctica lo que el apóstol Pablo denomina la obediencia de la fe por parte de todos los seres humanos en todas las naciones (Ro 1:5 y 16:26).

La visión panorámica que hemos presentado de la teología de la FTL nos da base para afirmar que, en términos generales, a lo largo de los cuarenta y cinco años transcurridos desde su iniciación en 1970, este movimiento se ha esmerado por cumplir los tres objetivos definidos en la Declaración evangélica de Cochabamba. Ha tomado en serio “el carácter normativo de la Biblia como la Palabra de Dios” y, sobre esa base, buscando la dirección del Espíritu y haciendo uso de la hermenéutica contextual, ha desarrollado “un pensamiento evangélico atento a los interrogantes que le plantea la vida en el mundo latinoamericano”. Ha construido así “una plataforma de diálogo entre pensadores que confiesen a Jesucristo como Salvador y Señor y están dispuestos a reflexionar a la luz de la Biblia a fin de comunicar el Evangelio en medio de las culturas latinoamericanas”. Con todo esto ha contribuido a “la vida y la misión de las iglesias evangélicas en América Latina, sin pretender hablar en nombre de ellas ni asumir la posición de su vocero en el continente latinoamericano”. Mirando hacia atrás, no me cabe la menor duda del papel clave que, en el propósito de Dios, la FTL ha desempeñado en respuesta a la necesidad de cruzar fronteras teológicas que el contexto histórico le planteaba. ¡Al Dios de amor y justicia que se reveló en Jesucristo y sigue actuando por medio de su Espíritu sea la gloria!

(Fuente: Blog de René Padilla, http://www.kairos.org.ar/blog/?p=912 )